Y, mientras estaba en esas, me he acordado de una reflexión que escuché hace unos días a una compañera que estudia el libro del Eclesiastés desde esta perspectiva del tiempo. Y es que, ciertamente, parece que la relación entre el tiempo y la sabiduría es mucho más honda y más seria que la que parece tener este libro sapiencial.
Ser sabio/a tiene mucho que ver con saborear la existencia, con intuir la densidad de cada momento, con vivir cada minuto con la profundidad que tiene… y descubrir que el tiempo está habitado con la Presencia de Aquél para quien nada de lo humano le es ajeno. El modo en que vivimos la temporalidad es, en realidad, el termómetro de nuestro “saber vivir”.