domingo, 27 noviembre, 2022

¿Somos vida consagrada o sucursales de una empresa?

Sor Gemma Morató(Sor Gemma Morató Sendra, OP.), 27/03/2022.- A medida que pasan los años me vuelvo más pragmática, nunca lo he sido mucho, soy más sentimental y a veces me pueden las emociones. Es verdad que ante ciertos problemas y decisiones hay que ser pragmáticos y ante situaciones complicadas se agradece que haya alguna cabeza fría que aporte su visión, pero cuidado en pasarse de la raya y empezar a analizar nuestras comunidades, presencias, o misiones desde ventajas o inconvenientes. Como si de un plan de viabilidad empresarial se tratara.

El problema en algunos lugares o congregaciones es que han ido pasando los años y ahora se llega al límite de muchas cosas, no se hizo, no se vio, no se tuvieron ánimos, se vivía de la esperanza o se cayó en la dejadez, en todo caso estamos como estamos y hay que lidiar con ello, pero con visión de futuro, con ánimo, haciendo de la dificultad posibilidad y reto. Sabemos de quién nos hemos fiado, al menos lo decimos, pues hay que ponerlo en práctica y ser entusiastas y luchar hasta el final.

Me da temor ver como ante tanto problema estructural… empecemos a analizar nuestras presencias y misiones como si fuéramos sucursales de una empresa en lugar de hermanos y hermanas consagradas

Me da temor y a veces rabia ver como ante tanto problema estructural, comunitario, en lugar de sentir el soplo del Espíritu y el espíritu de la Iglesia que grita sinodalidad, empecemos a analizar nuestras presencias y misiones como si fuéramos sucursales de una empresa en lugar de hermanos y hermanas consagradas. Planes de viabilidad que en ocasiones tienen el atrevimiento de preguntar, en sentido amplio, ganancias o pérdidas de nuestra comunidad/misión o de la ajena frente a la estructura a la que pertenecemos o con relación a la congregación, como si tuviéramos una bola de cristal para saber lo que pasa en casa del vecino o cómo si fuésemos capaces de echar por tierra nuestra misión así sin más, con tantas horas entregadas y tantas fatigas y alegrías.

Que tal como estamos debemos cerrar casas y comunidades, ceder o dejar misiones y presencias es claro, hasta cristalino en algunos lugares…, pero hay que preservar la dignidad de cómo se hacen y dicen las cosas, son años de fidelidad, de caminar con gente, sobre todo hay que saber acompañar el duelo y escuchar mucho.

Es momento de cambiar las preguntas, ni tan solo importan mucho las respuestas, sino que lo primero es ver qué nos preguntamos o qué nos preguntan. ¿Son preguntas que encienden una llama de ilusión, de fuerza, de vitalidad o son preguntas que encogen, dan miedo y generan más dejadez y muerte?

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