PREÁMBULOS DE LA PASIÓN

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martinwebSegún el evangelio de Marcos, en la cena previa al prendimiento de Jesús, en donde el Maestro se despide de sus discípulos, el tema de conversación es el anuncio de la traición: “yo os aseguro que uno de vosotros que está comiendo conmigo, me entregará” (Mc 14,18). Jesús estaba hablando de Judas Iscariote, al que los sumos sacerdotes “prometieron darle dinero” (Mc 14,11) si entregaba a Jesús. Según Lucas, el tema de conversación durante la cena fue “quién de entre los discípulos parecía ser el mayor” (Lc 22,24). En Marcos el preámbulo de la pasión es el dinero; en Lucas es el poder. Se trata de las dos caras de la misma moneda, de los dos grandes dioses que seducen a los seres humanos. Por dinero, uno vende hasta a su madre. Por conseguir el poder, uno mata hasta a su padre.

En cada página de los evangelios el dinero y el poder aparecen como los grandes peligros que amenazan a los seguidores y seguidoras de Jesús y que éstos deben evitar. El sexo tiene sus problemas, no cabe duda, pero no aparece como contrario al Reino. Supongo que no hace falta aclarar que una cosa es el sexo, bien entendido, y otra los abusos sexuales, que son un atentado contra el prójimo y un delito. También se podría decir que el poder y el dinero tienen algún aspecto aprovechable, pero sus seducciones y peligros son tan grandes y tan directamente contrarios al Reino, que casi es mejor no hablar de lo aprovechable para que nadie encuentre ahí una buena excusa para glorificarlos.

Jesús fue martirizado porque sus hechos y palabras le enfrentaron a los dirigentes político-religiosos de aquella sociedad. También hoy la defensa de los pobres y de los humillados resulta molesta para los ricos y poderosos. Si una persona conocida en la Iglesia (mujer o varón, monja, clérigo o laico) habla, como católico, de las vallas de Melilla o de otras injusticias sociales, y sus palabras resuenan más allá de los muros del recinto en el que vive, eso puede acarrearle algunos inconvenientes, incluso con gentes de Iglesia. Identificarse hoy con Jesús es vivir y defender los valores que él vivió y defendió. Es tomar postura a favor de lo que construye el Reino, pero la toma de postura a favor, implica, en la mayoría de los casos, una explícita o implícita manifestación en contra de los valores que se oponen al Reino y que el cuarto evangelio estigmatiza como el mundo de la mentira, de las tinieblas, del odio y de la muerte. Esta toma de postura puede ser el preámbulo de una pasión. Con Jesús ocurrió. Con sus seguidores también ocurre.