NUEVO MONOGRÁFICO: LOS JÓVENES

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La generación «Z» personaliza que Cristo vive

Indudablemente, la oportunidad y el acierto de la Exhortación Apostólica Christus vivit de Francisco estriba más en cómo nos ha despertado que en la novedad de su contenido doctrinal1. Nos recuerda a toda la Iglesia, también a los consagrados que se impone otra pastoral, se necesita otro acercamiento a la realidad de la juventud, se hace imprescindible que nuestra propuesta conecte con las generaciones que ya son íntegramente del siglo XXI. Aquellas que sociológicamente se vienen definiendo como generación «Z»2.

Es mucho decir, pero habría que partir del reconocimiento al esfuerzo y creatividad de tantos y tantas instituciones por formular y proponer una pastoral honesta con las generaciones más jóvenes. Hay una impronta generalizada de sana intranquilidad que está provocando que muchos adultos evangelizadores nos cuestionemos internamente por aquello que vivimos o decimos vivir. Las generaciones más jóvenes, sin historia, se preguntan y «nos preguntan» por la validez y veracidad de nuestras historias. Y llegamos, no pocas veces, a la conclusión de que lo único que nos proponemos es que quienes vengan, vivan acomodaticiamente con aquello que a nosotros y nosotras nos ha servido para ser quienes somos.

Christus vivit, de manera extensa, se emplea a fondo en un cambio de lenguaje que es, a la vez, un cambio de fondo. Es un idioma que resulta nuevo en nuestros contextos. Predomina la clave apreciativa, el reconocimiento y la posibilidad. Aspectos en sí evangélicos pero largamente desusados en nuestros círculos de expresión y comunicación «evangélica». Es absolutamente imposible y hasta desaconsejable el acercamiento a una generación que desconoce los principios históricos de la organización eclesial ofreciéndole solo un engranaje en el que únicamente se les pide que entren «y no hagan ruido». En este sentido, hace un tiempo me causó perplejidad una publicación de noticias eclesiales que optaba por un titular, denominando a los jóvenes como aquellos que provocaron las iglesias vacías. Lo que en sí es una gran verdad, denota sin embargo una preocupante esterilidad y es que lo único que se nos ocurre ofrecer del mensaje de Jesús de Nazaret es que vuelvan a llenar nuestras iglesias, nuestros cenobios y nuestros coros. Todo ello además de imposible, inviable.

La clave en el diálogo de la Iglesia con los jóvenes y de los institutos de vida consagrada volcados en la pastoral con los jóvenes, no es cuidar lo que hemos ofrecido, sino escuchar el clamor que nos viene. Christus vivit viene a ser, como decíamos, un despertador del Espíritu, un recordatorio mordiente y ácido de que por mucho que justifiquemos y nos justifiquemos, el mañana o se empieza a intuir o nos abocamos a un tiempo centrado en el consabido lamento.

Hablar de pastoral con los jóvenes es hablar de Evangelio. Hablar de Evangelio es hacerlo de esencialidad, limpieza y profundidad. Cultura del encuentro llevado a su extremo. Reconocimiento del valor de la persona que siempre está cerca de Dios. Es acogida de la pluralidad, reconocimiento del don de la vida y don de la vocación sin matices ni colores; sin gradación ni jerarquización. Hablar de pastoral con los jóvenes es un ejercicio denso e intenso de conversión hacia la insobornable vocación de un Dios Padre que no ha desistido en el diálogo con sus hijos e hijas en todas las generaciones y momentos de la historia.

Son, sin embargo, siempre diálogos mediados, condicionados y realzados por las circunstancias externas (e internas) en las que las personas han vivido. Dios Padre habla con fuerza en el corazón de los jóvenes, ellos y ellas, envueltos en guerras, discusiones, hambre, supervivencia, en éxodo, en las atronadoras y a la vez silenciadoras conquistas de la sociedad del confort, en la soledad, la «multipantalla», en el viaje, la espera, el mundo rural y urbano; en el océano inmenso de Internet, en la aldea global; en oriente y occidente… Dios Padre es idioma común de vocación para todos y todas. A la vez, Dios-vocación, nos está diciendo que faltan espacios donde dar cauce a tanta creatividad original y evangélica. Son espacios que no existen. Los que ofrecemos son de otras eras. Ofrecen valores y contravalores que sencillamente «no les dicen», «no les hablan»… llegan a ser no lugares para unos destinatarios que son «cómplices» del Espíritu para nuestro tiempo, la generación «Z».

Hay pocos tiempos tan fecundos en la vida de las congregaciones y órdenes como el que sucede en el acompañamiento formativo de las nuevas generaciones. Está, sin embargo, casi siempre condicionado o no bien inspirado. Nos damos fuerza creyendo que lo esencial es ofrecer bien los contenidos, partir y dar por supuesta la aceptación de la vocación a la vida y la fe. Después añadimos nuevos contenidos de socialización y encuentro, normalmente culturales e hijos del contexto donde se vive, independientemente de la procedencia de los jóvenes, para rematar con la historia menor de la propia congregación o sus costumbres y heroicidades y, aunque se intenta hacer con cuidado, se termina ofreciendo una reductiva visión de la misión convertida en trabajos de la congregación. Sin quererlo, se transmite que el más importante (o la más importante) es quien mejor los atiende. Ese es, más o menos, el recorrido. Sembrado, por supuesto, con otros momentos imprescindibles de nuestro tiempo como son los cursos académicos, la relación intercongregacional, la gestión del tiempo libre y algunos etcéteras más. Se trata, como digo, de tiempos ricos pero, a menudo, envueltos en crisis. El mecanismo de una comunidad formativa o instituto de vida consagrada es, cuando menos, sorprendente ante la crisis. El fallo o la falta está en el joven. Porque no está hecho, no es maduro… y un larguísimo elenco de «verdades». Evidentemente la inspiración y el encuentro de un carisma necesita un receptor que es alguien que no esté hecho o maduro. La pregunta inquietante, sin embargo, es si los espacios formativos, que son el rostro que ofrece la congregación, son lugares posibles para los jóvenes. Si son ámbitos donde pueden crear y no solo copiar. Lugares de crecimiento más que de acomodamiento. La crisis de la Iglesia con respecto a sus generaciones más jóvenes no es una dificultad de acomodación, es una crisis de verdad, de fundamento, de generosidad, de comunión. Una estructura que solo se esfuerza en sostener y apuntalar a quien está, no es un ámbito de proyección y vida. Puede ser un grupo social que responda bien a su cometido, pero no llega a ser comunidad evangélica que necesita, para serlo, el círculo generativo de la vida, donde cada edad y visión es necesaria y el testimonio de la permanencia se ve constantemente iluminado y enriquecido por la sorpresa de la novedad y verdad que trae consigo quien ha recibido «el flechazo» de la fe, que es vocación y don no contaminado.

Quizá la clave y el cambio, en nosotros los adultos, no deba ser otro que comenzar a cuestionarnos en nuestra propia verdad. El famoso trabajo evangélico de entresacar del arca de las verdades aquellas más antiguas, las más valiosas y las menos verdaderas. Afrontar el presente con una sola dirección, el futuro y no gastar inútilmente las energías en miradas obsoletas, recuerdos virtuales a los que se pretende volver y animar, convirtiéndolos en antigüedades, pero no espacios de crecimiento de las personas.

Los jóvenes de nuestro tiempo necesitan de las congregaciones, que hipotéticamente van a ser las suyas, que se abran a lo que Rino Cozza denomina proyectos emancipatorios3. Espacios nuevos, fuera de guion, pero firmemente empapados de Evangelio. Iniciativas no previstas, arriesgadas, abiertas, ágiles y libres. Los proyectos emancipatorios conectan con el don de la belleza o el espacio limpio evangélico presocial no afectado por la convención social. Nos hablan de algo sorprendente, nuevo, para nada calculado, personalizado. Es inútil para los ojos que todo lo calculan, pero incontestable ante quien busca signos de Evangelio también en nuestro contexto del siglo XXI.

Definitivamente el reto no es la adaptación de nuestras estructuras para que sorteen el paso del tiempo, sino una pregunta honesta y definitiva para encontrar juntos (con este mosaico de «generaciones» jóvenes) qué caminos quiere recorrer Jesús de Nazaret en este siglo en nuestras congregaciones y órdenes.

«La juventud» no existe, existen los jóvenes con sus vidas concretas (ChV, 71)

 

El papa Francisco, premeditadamente, decide no abundar en los datos sociológicos que describen la realidad plural de los jóvenes, pero consciente de necesitar el diálogo con la realidad, ofrece una expresión que es suficientemente clarificadora: «existen los jóvenes con sus vidas concretas» (ChV, 71). Y estos jóvenes, parece que responden a una serie de valores/contravalores asumidos como característicos en una generación «Z», que son los nacidos entre 1994 y 20104.

Son creativos y, a veces, geniales

Coinciden buena parte de los estudios afirmando que los jóvenes de la generación «Z» son autodidactas. Aprenden en Internet y son expertos en el mundo online. Y esta cuestión que en sí es ambigua, difícil de integrar en un diálogo evangélico en el cual es insustituible el peso del compromiso, de la experiencia, la comunión y la vida compartida, también, en palabras del Papa, puede encontrar su rostro de posibilidad. Afirma Francisco:

«Es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales» (ChV, 104).

Porque la clave no reside en «formatear» a los jóvenes, sino en asumir la verdad que circula por sus venas. En este sentido, el lenguaje comprensivo de los mismos jóvenes es crucial para integrar la posibilidad de releer la propia vida en clave evangélica. Llega a afirmar en la Exhortación Apostólica el Papa:

«Así como te preocupa no perder la conexión a Internet, cuida que esté activa tu conexión con el Señor, y eso significa no cortar el diálogo, escucharlo, contarle tus cosas, y cuando no sepas con claridad qué tendrías que hacer, preguntarle: «Jesús, ¿qué harías tú en mi lugar? (ChV, 158).

A pesar del peso e influjo de la inmediatez y soledad que pueda provocar la pertenencia a un mundo digital, estas generaciones de jóvenes, no renuncian al valor insustituible del contacto, del diálogo y la proximidad5. En este sentido, es muy importante tener en cuenta dónde sitúan estos jóvenes el valor y cómo diferencian ámbitos. Aquello que, en verdad, les importa prefieren verlo, tocarlo, percibir la cercanía. Son jóvenes con sed de testimonio no tanto de doctrina o relato cerrado. Apuntan los expertos que:

«Si quieres contratar a individuos de esta Generación o venderles algo, no deberías ignorar usar métodos tradicionales de comunicación. En lugar de solo mandarles mensajes…»6.

Necesitan que no les roben el amor en serio (ChV, 263)

Sorprendentemente los estudios sobre la generación «Z» ofrecen algunas valoraciones que nos desconciertan. Por ejemplo, se afirma que son:

«Los hijos perfectos. La generación «Z» creció en un contexto incierto la manera de ver el mundo cambió, aumentó la diversidad social, cambiaron algunos roles sociales y, sobre todo, aprendieron a salir adelante en un mundo difícil. Son jóvenes muy maduros, autosuficientes y creativos»7.

Y esa madurez y creatividad, a su vez, se transforman en pistas de apoyo muy interesante para una coherente pastoral. No son jóvenes sin conciencia familiar, pertenecen a una estructura familiar que valoran. El «problema» está en el modelo de familia y la capacidad que ésta tiene para formar a las nuevas generaciones en gratuidad, responsabilidad y donación. El Papa lo sabe y hace una valoración de la situación:

«El Sínodo resaltó que «la familia sigue siendo el principal punto de referencia para los jóvenes. Los hijos aprecian el amor y el cuidado de los padres, dan importancia a los vínculos familiares y esperan lograr a su vez formar una familia» (ChV, 262).

Una buena pastoral con jóvenes es aquella que integra, reconoce, escucha, sana y proyecta. Por tanto la clave está en ayudar a que descubran el amor en serio y, evidentemente, el núcleo de amor más necesitado de cuidado en este momento no es otro que la familia:

«Nada de esto debería ser ignorado en la pastoral juvenil, para no crear proyectos que aíslen a los jóvenes de la familia y del mundo, o que los conviertan en una minoría selecta y preservada de todo contagio. Necesitamos más bien proyectos que los fortalezcan, los acompañen y los lancen…» (ChV, 30).

Trabajar entre los jóvenes en clave vocacional es la expresión mejor de la transmisión evangelizadora, porque es ayudar a descubrir cómo el amor infinito y no contaminado se hace realidad en la identidad de toda generación y persona. Por eso, una pista clave de pastoral es la integración en un proceso de crecimiento que abarque a toda la familia. Y además integrar el sentido de misión en el que los jóvenes «aprenden a mirar más allá» de su familia y de su grupo, comienzan a entender la vida de una manera más amplia» (ChV, 240). Esa pertenencia familiar arraigada, dice el Papa, ha de convertirse en un trampolín, una pasión de envío, para convertir esa energía en amistad social:

«Propongo a los jóvenes ir más allá» de los grupos de amigos y construir la «amistad social, buscar el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar […]. Sean capaces de crear la amistad social» (ChV, 169).

Porque una cuestión destacada de estos jóvenes llamados a reconocerse en los carismas es que son buenas personas. Abiertos al voluntariado y preocupados por el impacto que tiene el ser humano en el planeta8. La Exhortación Apostólica Christus vivit expresamente afirma que «el compromiso social es un rasgo específico de los jóvenes de hoy» (ChV, 170). Y además desde esta indagación apreciativa9 en la que se mueve la Exhortación y que percibo absolutamente imprescindible para el reencuentro con los jóvenes, el Papa llega a afirmar que los considera «capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial»  (ChV, 174).

Misericordia, creatividad y esperanza hacen crecer la vida   (ChV, 173)

Están acostumbrados a solucionar problemas. Son, en este sentido, generaciones mucho mejor dotadas que sus predecesores, los Millennials. Eso sí, parece evidente que tienen una fortísima impronta personal porque han decidido construir su propio mundo. Nos habla efectivamente del rasgo de creatividad que ya he aludido, pero también a la incapacidad constitutiva para dejarse guiar. Lo cual, sin duda, pone en crisis nuestros principios catequéticos y pedagógicos; nuestros itinerarios formativos y procesos de crecimiento y acompañamiento vocacional. Afirma la revista Forbes que «el 72% no piensa recibir órdenes de un jefe, nunca»10. Creo que elocuentemente ilustra lo que quiero afirmar. Quieren y están dispuestos a ser protagonistas y jefes. El espacio evangélico de crecimiento, como son las familias religiosas, pueden en verdad ser una posibilidad real y enriquecedora para estas generaciones. Ofrecen los carismas unas posibilidades de presencia y realización en las que se hace evidente una pasión transformadora de la realidad. El trabajo que puede ser expresión del compromiso vocacional es sustancial en el desarrollo de la persona. El Papa refiriéndose a esta circunstancia dice:

«Y se trata de un asunto fundamental de la sociedad porque el trabajo para un joven no es sencillamente una tarea orientada a conseguir ingresos. Es expresión de la dignidad humana, es camino de maduración y de inserción social, es un estímulo constante para crecer en responsabilidad y en creatividad, es una protección frente a la tendencia al individualismo y a la comodidad, y es también dar gloria a Dios con el desarrollo de las propias capacidades» (ChV, 271).

¿Esta fuerza de creatividad y originalidad de la generación «Z», donde no hay patrones preestablecidos no supondrá, en diálogo con las congregaciones y órdenes, un crecimiento insospechado? ¿Su misma búsqueda, cuando es honesta, no será una traducción de aquello que el Espíritu necesita y ha dejado de necesitar para los carismas en este siglo?

Se trata de una cuestión bien delicada, pero estamos obligados a hacer una reflexión profunda sobre lo que han sido nuestras fortalezas para aprender a sorprendernos, también desde los jóvenes, dónde radica en esta era la opción por la vida. Porque este valor parece incuestionable en sus expectativas.

Desde el Evangelio se puede captar su atención

Es evidente que los jóvenes de nuestro tiempo son «los reyes del zapping». Si algo no interesa, sencillamente se pasa a otra pantalla. No se está juzgando la valía de los argumentos, sino la posibilidad que éstos tienen para interactuar con la vida. El Papa es muy consciente de esta realidad y  afirma la necesidad del discernimiento:

«Recuerdo que todos, pero «especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento». Y «esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida, y entonces hay que discernir si es el vino nuevo que viene de Dios o es una novedad engañosa del espíritu del mundo o del espíritu del diablo» (ChV, 271).

La conclusión es clara, los jóvenes de la generación «Z» no están incapacitados para la conexión con Dios y menos para quedarse en Él, pero necesitan un acompañamiento cualificado que les permita descubrir la esencialidad evangélica.

Pero necesitan no solo un cambio de decorado. Es otro escenario donde sí puedan mostrar la necesidad que tienen de emprender y vivir la gratuidad. Y ese escenario lo tenemos, es nuestra casa, nuestra comunidad cuando la limpiamos y la dejamos ser Reino.

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1          «Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia. Por consiguiente, estaría de más que me detuviera aquí» a proponer alguna especie de manual de pastoral juvenil o una guía de pastoral práctica. Se trata más bien de poner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes». (ChV, 203).

2          Cf. Matesanz, Vanesa, ¿Sabes qué es la «generación Z»? http://forbes.es/life/6637/sabes-que-es-la-generacion-z/ (Pág. Consultada el 22.06.2019); Sánchez Mateos, Alejandra, 10 datos sobre la generación Z https://www.lavanguardia.com/vivo/20180715/45818419326/dia-habilidades-juventud-generacion-z.html (Consultada el 13.09.2019); Barba (de), Georgie, 7 características de la generación Z (24.06.2016) https://www.entrepreneur.com/article/268023 (Consultada el 10.09.2019).

3          Cf. Gonzalo Díez, L. A., Si la vida consagrada no es «deseable» es porque es incapaz de ofrecerse como «belleza posible» (Entrevista a Rino Cozza), en VR 8/127 (2019), 341s.

4          Cf. Matesanz, Vanesa, ¿Sabes qué es la «generación Z»? http://forbes.es/life/6637/sabes-que-es-la-generacion-z/ (Consultada el 22.06.2019); Sánchez Mateos, alejandra, 10 datos sobre la generación Z https://www.lavanguardia.com/vivo/20180715/45818419326/dia-habilidades-juventud-generacion-z.html (Consultada el 13.09.2019); Barba (de), Georgie, 7 características de la generación Z (24.06.2016) https://www.entrepreneur.com/article/268023 (Consultada el 10.09.2019).

5 Cf. https://www.entrepreneur.com/article/267349 (Consultada el 12.09.2019).

6  Ibíd.

7 Cf. https://www.entrepreneur.com/article/268023 (Consultada el 10.09.2019).

8  Cf. https://forbes.es/life/6637/sabes-que-es-la-generacion-z/ (Consultada el 12.06.19).

9  Cf. http://www.davidcooperrider.com

10 Cf. https://forbes.es/life/6637/sabes-que-es-la-generacion-z (Consultada el 12.06.19).