¡MIRAD CÓMO SONRÍEN! LAS COMUNIDADES DEL BUEN HUMOR

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“Al principio era la sonrisa”. El Creador, Padre-Madre sonrió y estalló esta magnífica y bellísima creación. Nacimos de la Sonrisa divina. Y cuando sonreímos reflejamos el rostro del Creador: Gloria Dei, sorridens homo (La gloria de Dios, el ser humano sonriendo).

Pero, ahora, no es oro todo lo que reluce. No todas las comunidades en las que mucho se ríe, son comunidades de gente feliz. Hay gente que ríe por no llorar. También hay personas a quienes los mayores sufrimientos no son capaces de borrar la sonrisa a través de la cual se muestra la grandeza de su alma. El papa Francisco ha hecho de su pontificado una permanente llamada a la Alegría: “el gozo del Evangelio”, “la alegría del amor”, “el gozo de la verdad”. Últimamente nos ha invitado a “gozar y exultar”. Meditemos sobre esta atmósfera tan necesaria en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestra casa interior.

La risa a causa de…

Henri Bergson dedicó a “la risa” unas interesantes reflexiones, que quisiera resumir1.

La risa ante lo cómico es inmisericorde

Reímos ante lo cómico. Son cómicos los acontecimientos en los cuales nosotros –los seres humanos– somos protagonistas. Surge la situación cómica cuando lo humano cae en ridículo, cuando evoca el mundo de lo deforme, infrahumano, mecánico, rígido, cuando entra en el ámbito del doble sentido: «lo cómico consiste en darse cuenta de lo contrario» (Pirandello)2. El arte de la caricatura resulta cómico porque descubre en la persona «el demonio que el ángel había soterrado»3. La caricatura se sirve de la exageración de ese movimiento, a veces imperceptible, que desvela alguna de sus flaquezas, de sus puntos rígidos y sin gracia.

La reacción ante lo cómico es “la risa”, “la risa colectiva”, que tiende a ser compartida y expandirse cada vez más4. Es una reacción placentera, pero casi siempre bastante inmisericorde.

Comenzamos a reírnos cuando deja de conmovernos la persona del otro5, porque: «la risa no tiene mayor enemigo que la emoción… Sentid con los que sienten y no reiréis… Presenciad la vida como espectadores indiferentes: muchos dramas se convertirán en comedias»6.

La risa es siempre un poco humillante para quien es objeto de ella. Quienes comparten el placer de reír, lo hacen no por amor a la estética, sino con la intención no confesada de humillar, de corregir:

– porque «función de la risa es intimidar humillando»7,

– porque «la risa castiga las costumbres»8 y reprime excentricidades.

«Lo rígido, lo enteramente hecho, lo mecánico oponiéndose a lo flexible, a lo que continuamente cambia, a lo viviente; la distracción oponiéndose a la actividad libre, todo eso es lo que la risa subraya y quisiera corregir»9.

Las formas de la risa

La risa por una liberación exterior: Reímos también cuando experimentamos un fragmento de liberación de algo que nos oprime. Sensación de opresión tenemos muchas veces: desde que nacemos hasta que muramos. Pero a veces experimentamos liberaciones parciales. En ese momento nos surge “la risa” porque aparecen signos concretos y tangibles que nos manifiestan que la opresión llega a su fin. No nos limitamos únicamente a constatar la liberación; la celebramos; exultamos; nos alegramos; reímos y sonreímos. Descargamos la tensión acumulada en la exultación.

La sonrisa sin buen humor: es la sonrisa cortés, mecánica, de circunstancias, porque no nos cabe más remedio. Se la regalamos a personas que no estimamos mucho o que tenemos prácticamente olvidadas. A este tipo de sonrisa pertenece la sonrisa-coraza, que nos permite ocultar lo que nos pasa o atormenta; y también la sonrisa-sobrevivencia: “reír por no llorar”; o la sonrisa cínica, que ponemos al servicio de la mentira, de la amargura. También existe la sonrisa-comercial, que nada tiene que ver con nuestras vivencias íntimas, sino que intenta obtener algún beneficio. También existe la sonrisa del profesional (¡también del cura, del religioso o la religiosa!). Y, finalmente, también la sonrisa biológica: es la propia del joven que ríe y sonríe por necesidad somática y no por razones interiores.

La sonrisa no obstante…: en la vida consagrada hay gente que ríe y sonríe… pero menos de lo que sería de esperar, porque no se sonríe a pesar de todo. Se trata, tal vez, de un humor de bajo perfil.

La sonrisa del buen humor: ¡Qué distinta, en cambio, es la sonrisa o la risa del buen humor! Es algo así como una expresión sacramental de todo el ser; como el estallido de la felicidad que se apodera de la persona o del grupo. Es aquella sonrisa que mana de la pacificación interior, de la victoria sobre el mal, de la consecución de un sueño. La sonrisa del buen humor es la sonrisa de verdad, aquella que desde el alma envuelve al cuerpo y lo hace cómplice de su felicidad. Esta sonrisa tiende a expandirse, a irradiarse, llenando de buen humor todo lo que encuentra a su paso. El buen humor es un ambiente, es un clímax que se crea tras la contradicción. La sonrisa somática está precedida y acompañada de la sonrisa interior del Espíritu. Esta sonrisa ilumina el rostro, lo vuelve diáfano, lo transfigura. La sonrisa es una expresión de la gloria de Dios: “cielos y tierra están llenos de tu sonrisa”. Por eso, podríamos decir que gloria Dei, sorridens homo (“el ser humano que sonríe es la gloria de Dios”).

Sonreír “a pesar de todo…”

¿De dónde nace la fuerza interior para sonreír “a pesar de todo”? Son necesarios estímulos interiores. No basta una teoría o un argumento que todo lo explique; ni una estrategia interior que todo lo supere. ¿Quién podría sonreír en situaciones-límite como la muerte física, la pérdida del mejor amigo, el final de una ilusión?

Para sonreír “a pesar de todo” son necesarias tres condiciones según Werner Thiede10:

– distanciarse del propio “ego” y de sus condicionamientos como son la ira o la tristeza;

– tomar conciencia de la propia contingencia y pequeñez;

– tener una visión trascendente de la realidad y fe en una Providencia que todo lo rige para bien; solo la persona que confía locamente en Dios se sentirá feliz “a pesar de todo”. La imagen del Cristo crucificado sonriente de Javier ¡así lo manifiesta!

El misterio de la encarnación, el misterio pascual, el misterio de pentecostés, ¿no son manifestaciones muy serias del humor de Dios? El humor de Dios no se alimenta de risotadas, de gestos exaltados, de sensaciones epidérmicas. Es un humor hondo, que penetra hasta los entresijos del alma y lubrica todo el ser. Solo quien comprende y experimenta este tipo de humor, puede ser un auténtico mensajero de la Buena Noticia. Nuestra fe proclama que Dios Padre nos amó «no obstante»: “¿Dónde está, muerte, tu victoria, tu aguijón?”11.

El «no obstante» de Dios es la causa de nuestra sonrisa. Se cuenta de santa Sabina, arrestada bajo el imperio de Decio (249-251), que durante el interrogatorio sonreía. Le preguntaron quienes la juzgaban por los motivos de su alegría. Y Sabina respondió:

«Por la gracia de Dios. Somos cristianos. Quienes creen en Cristo reirán en la alegría eterna»12.

Los mártires han podido afrontar la muerte con humor, porque la contemplaba con los ojos de la victoria.Tertuliano conectaba el martirio con la certeza de la resurrección de la carne y el mundo que vendrá. Así nos lo revelan las actas martiriales; de la mártir norte-africana Perpetua nos dicen que fue agraciada con la visión de un representante divino que le dijo:

“No temas, yo estaré aquí contigo, yo sufriré todo el tiempo contigo”13.

Perpetua vio una escalera que conducía a la altura, donde había un jardín, en el cual un pastor ordeñaba a su rebaño mientras miles de personas con vestiduras blancas, lo rodeaban; el pastor le dijo a Perpetua:

“Mi pequeña, qué feliz estoy de que hayas venido” y, entonces, le dio a beber la leche. Cuando Perpetua le contó la visión a su hermano, ambos entendieron que debían prepararse para sufrir sin tener más esperanzas en esta vida. El relato continúa diciendo: “Cuando amaneció el día de su victoria marcharon gozosos desde la cárcel al anfiteatro como si se encaminaran hacia el cielo con rostro sereno, temblorosos, pero con alegría en lugar de miedo”14.

De los mártires benedictinos de Barbastro del año 1936 se ha escrito –por parte de un tes­tigo presencial, el P. Plácido– que “iban a la muerte como a una fiesta”15: este testigo describe el camino de sus monjes hacia la muerte como quien camina ha­cia un sacrificio gozoso, con una estremecida y deslumbrada felicidad que, en el trance supremo, se hizo exultante, para sorpresa de sus asesinos.

El mensaje que hay en el humor de los cristianos es el kerygma de la superación del mundo y de su angustia16. Aquí, durante el decurso de nuestra vida, nuestra sonrisa se mezcla a menudo con las lágrimas en los ojos. El humor nos hace melancólicos del Paraíso. Es la melancolía de Dios injertada en nuestro corazón. El humor cristiano proclama que nada es definitivamente des-gracia.

Cultivar el buen humor en nuestras comunidades

La comunidad del humor y la sonrisa

Tenían razón nuestros predecesores, los Padres del Monacato, cuando nos alertaban contra todas las formas de risa fácil, superficial y burlona. Las risas frívolas tocan, afectan únicamente los estratos inferiores de nuestro yo. Ese tipo de risa cómica crea en las comunidades, en los grupos una especie de terrorismo, que mantiene a algunas personas como rehenes ante el miedo al ridículo. Hay risas que matan la espontaneidad, que dividen los corazones. Hay risotadas que manifiestan el nivel en que se vive. Bien hacían nuestros monjes cuando pedían superar las risas escandalosas y superficiales.

Tampoco es bueno delegar el humor comunitario en el bufón de turno o de oficio. Es el triste ministerio confiado a algunas personas. Nos divierten, pero al precio de ser consideradas como objetos útiles. Hay personas en los grupos, que aparentemente siempre están de juerga, pero en el corazón llevan una desazón grande. Ríen por no llorar.

En otros casos, un humorismo tímido se instaura en nuestras comunidades. Es el humorismo de las fiestas, de las excursiones, de los momentos comunitarios de televisión, de las comidas. Se trata de un humorismo útil, que nos anima a estar juntos, a divertirnos. Es un humorismo que consume espectáculos cómicos. Pero está todavía lejos de ser un humorismo integrador de la persona, aunque favorece la distensión comunitaria, el bienestar. Pero, como no tiene raíces, al poco tiempo se seca.

La causa del humorismo de la comunidad religiosa es la Gracia, que nos hace «graciosos» de verdad. Es un «humor» distinto, que emana del contacto vivo con el Espíritu, que es el Ingenio, la Fantasía de Dios y con la Palabra que nos educa para sonreír a pesar de todo. No hemos de olvidar que el hábitat del auténtico humor no es la calma de una vida serena, sino las situaciones de conflicto, los dramas de la existencia. El buen humor de los religiosos emerge, se verifica en los momentos peores. Es la marca del Espíritu de Jesús en los conflictos. El humor ofrece una nueva perspectiva, da una mirada distinta, crea sentimientos lúcidos, suscita expectativas serenas.

Comunidades del buen humor se hacen más que necesarias para el nuevo proyecto de evangelización nueva que la Iglesia se propone. ¡Ojalá logremos poner correctivos ante ciertas formas de evangelización malhumorada que está surgiendo!

El decálogo del buen humor

¿Cómo favorecer el buen humor en la comunidad? Permíteme que te presente un breviario del Evangelio del Buen Humor y que concluya con una lectura humorística del Evangelio para institutos religiosos.

Cuando el Señor te llamó te dijo, como a María: «Alégrate, agraciado/a, estoy contigo». No dejes que la sombra de la tristeza descienda sobre tu rostro, sobre tu vida y la desgracie. No permitas que tu comunidad de convocados pierda por tu causa su alegría y su gracia.

Si el humor es una cualidad del amor, Pablo podría haber dicho: «El humor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado». Ese es tu carisma. Es un don germinal que puedes hacer crecer y que asumirá en ti una configuración irrepetible. Puedes contribuir a la humorización del mundo. Ojalá aprendas el arte del buen humor y encuentres a tu lado algún maestro que te lo enseñe.

Si el humor es una cualidad del amor, Jesús podría haber dicho: «Mirad cómo sonríen». El cómo de la sonrisa es la alternativa que tu comunidad ha de aportar. No te rías de nadie. Sonríe con todos. Haz de tu risa no un instrumento de humillación y venganza, sino un sacramento del Amor del Espíritu derramado en tu corazón.

«Vosotros sois el buen humor de la tierra. Y si el buen humor se pone soso, ¿con qué se lo salará?». Estás llamado a alegrar la vida de los hombres, a ser maestro de la sonrisa que todo lo supera. Reconoce tu vocación y no dejes que la tristeza apolille tu alma.

«Si solo sonríes cuando todo te va bien, ¿qué gracia tienes? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sonríe en los conflictos y así serás Hijo del Abbá que hace salir el sol de su sonrisa sobre buenos y malos». La gracia del buen humor se manifiesta en las situaciones conflictivas de la comunidad, de la misión, de uno mismo. Ten paciencia. No tomes demasiado en serio tu ministerio. Respeta los ritmos de las personas. Respeta el ritmo de Dios. No hay situaciones irreversibles. Si entonces sonríes, estás proclamando tu fe inconmovible en la Gracia victoriosa.

«No andéis malhumorados por la vida pensando qué comeréis, qué beberéis, cómo os vestiréis. De todo eso se preocupan los paganos. Ya sabe tu Padre del cielo que tienes necesidad de todo eso. Vive con el humor del Reino y todo eso lo recibirás como un regalo». No te malhumore la pobre y desgraciada situación de la sociedad, de la Iglesia, de tu congregación, de tu comunidad, porque el Padre es quien lleva la historia hacia adelante y Él es capaz de hacer de las piedras hijos de Abraham, confunde a los fuertes con los débiles, habla por boca de jumentos.

«Aprended de mí que tengo un corazón lleno de humor y de humildad. Mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Contemplad al Señor… y hallaréis la sonrisa, porque para Él nada hay imposible. Cuando el Señor está cerca los discípulos se llenan de alegría.

«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma». Ni la enfermedad, ni la tribulación, ni la muerte, pueden separar a un discípulo del humor de Jesús.

Corrige con la sonrisa noble de quien ama y valora, perdona con la sonrisa del corazón y te ganarás a tu hermano. No te canses de sonreír, aunque sea setenta veces siete. Así es el Padre del cielo.

Salió el sembrador a sembrar el buen humor. Unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno rocoso, donde apenas tenían tierra; como la tierra no era profunda, brotaron en seguida; pero en cuanto salió el sol se abrasaron y, por falta de raíz, se secaron. Otros cayeron entre zarzas; las zarzas crecieron y los ahogaron. Otros cayeron en tierra buena y dieron fruto al ciento por uno… Mi madre y mis hermanos son los que acogen el humor de Dios y lo practican.

 

1 Cf. H.Bergson, La risa, Espasa-Calpe, Madrid, 1986.

2 L. Pirandello, L´umorismo, Oscar Mondadori, Milano 1986, p.135.

3 H.Bergson, o.c., p. 32.

4 H.Bergson, o.c., p.17.

5 H.Bergson, o.c., p.112.

6 H.Bergson, o.c., pp.15-16.

7 H.Bergson, o.c., p.159.

8 H.Bergson, o.c., p. 25.

9 H.Bergson, o.c., p.109.

10 Cf. W.Thiede, L’ilarità promessa. L’umorismo e la teologia, EP, Roma, 1989.

11 Cf .1Cor 15,55-56.

12 Cf. A.Hamman, Das Heldentum der frühen Märtyrer, Aschaffenburg 1958, p.88.

13 Pasión de Perpetua,10,1.

14 Passion of Perpetua and Felicity, 18:1, trans. Musurillo 124-27. David F. Wright, The Testimony of Blood: the charisma of Martyrdom, en Bibliotheca Sacra 160, (2003), pp. 387-397.

15 Cf. Plácido María Gil, Iban a la muerte como a una fiesta: Memoria del Martirio de Barbastro (Ensayo n° 478), p. 7. Ediciones Encuentro S.A., Edición de Kindle.

16 Cf. H.Thielicke, Das Lachen der Heiligen und Narren. Nachdenkliches über Witz und Humor, Quell Verlag, Ulm 1988, p.96.