LA VIRTUD DEL RESPETO: MIRADA Y ATENCIÓN (PROPUESTA DE RETIRO)

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Quizá nunca se haya hablado tanto del “respeto”, como en nuestro tiempo:  respeto a uno mismo, a los mayores, a la mujer, al niño, a la diferencia sexual; respeto a la vida, a los animales, a las plantas, al planeta, al medio ambiente; respeto a las minorías, a las culturas, a los derechos humanos, a la dignidad humana; respeto a la justicia, a la libertad, a la ley; y también respeto a lo sagrado –aunque lo considerado tal, sea idolátrico.

Hubo tiempos en los cuales el respeto se dirigía a las personas constituidas en autoridad, a la gente con prestigio, a quienes pertenecían a un cierto “status” social. Hoy soñamos con una humanidad más igualitaria y, por ello, exigimos respeto a todos y en ese respeto incluimos a los seres vivientes, a los ecosistemas, a la naturaleza.

Esta nueva conciencia, no se traduce, sin embargo, en una práctica respetuosa.

– En el ámbito público asistimos a espectáculos lamentables: faltas de respeto en los debates parlamentarios, en las tertulias radiofónicas o televisivas, en la prensa escrita, en las manifestaciones públicas…

– En el ámbito económico vemos cómo se toman decisiones que no respetan a las mayorías humanas –cada vez más empobrecidas– e incluso se las descarta.

– En el ámbito social vemos cómo se pisotea la dignidad humana manipulando la opinión pública con noticias falsas, o engañando con medias verdades, o utilizando la violencia y la crueldad para defender supuestos derechos o privilegios.

– En el ámbito ecológico-humano se está perdiendo el respeto a la vida, cuando se defiende el derecho al aborto, a la eutanasia, o cuando por ambición se contamina el aire, el agua, y desertiza el espacio.

– Hasta en el ámbito lúdico aparece la falta de respeto al adversario o al contrincante…

– Y también en el ámbito religioso y eclesial existe la falta de respeto: en primer lugar, a la misma comunidad cristiana cuando solo se la requiere para hacer número, para crear espectáculo, pero no para ser tenida en cuenta, consultada, considerada como auténtica asamblea de Dios. Falta de respeto a las mujeres creyentes por parte del clericalismo y el machismo. Falta de respeto al “sentido de la fe” de los creyentes por parte de una teología académica y a veces gnóstica que impone sus doctrinas, pero no está en contacto con el Espíritu de Dios que llena la tierra. Y falta de respeto en la vida consagrada, cuando la diferencia la achacamos a “enfermedades mentales”, cuando nos dedicamos al chismorreo, la crítica permanente, hasta la difamación.

La falta de respeto es menos agresiva que un insulto directo; pero puede adoptar formas igualmente hirientes. Con la falta de respeto no se insulta a otra persona, pero tampoco se le concede el reconocimiento que merece; simplemente no se la ve como un ser humano integral cuya presencia importa. El respeto escasea, a pesar de que hablamos tanto de él1.

Si buscamos una vida consagrada de las virtudes, de la excelencia, no debemos olvidar esta virtud del “respeto” –poco estudiada y de la que poco se habla–. Ella dará lugar a una “ética y espiritualidad del respeto”. Estamos en un buen momento para hacerlo. Estamos llamados a ser para la sociedad iconos de la ética del respeto. Para ello, nos proponemos un recorrido meditativo en tres etapas:

– La virtud del respeto

– Sus rasgos: la mirada y la atención.

– Ética y espiritualidad del respeto: bajo la mirada atenta.

La virtud del respeto

No se suele mencionar el “respeto” entre las virtudes; sin embargo, es una virtud.  La palabra respeto (en latín respectus) deriva del verbo respicere que significa “mirar atrás”, “mirar atentamente”, “remirar”, “contemplar”2.  Respeta quien se relaciona con los demás con miramiento, con cuidado, con atención.

 

El respeto, basado en la Alianza del mutuo reconocimiento

En los tiempos bíblicos el respeto se expresaba con el verbo “temer” (φόβεω), que significa reverencia, respeto por la autoridad, o por el rango, o por la dignidad (Rom 13,7; 1Pe 2,18; 3,16), respeto al propio marido (1Pe 3,2), respeto al Señor (Hch 9,31), a Cristo, a Dios (Rom 3,18; 2 Cor 7,1). Hoy, nos encontramos en una sociedad que se siente cada vez más igualitaria, aunque resulte difícil superar las diversidades.

La sociedad civil y religiosa otorga un “status” jerárquico diferente a determinadas personas; y las leyes exigen para ellas “respeto” y castigan su falta. No obstante, el derecho de todos los seres humanos a ser respetados en su dignidad es cada vez más reconocido y defendido. El “reconocimiento” implica la conciencia de la necesidad mutua e impulsa a honrar socialmente al “otro”. El derecho al “honor” se ha convertido en una categoría fundamental en la vida social. El honor suprime fronteras y distancias sociales.

Desde la perspectiva de la fe la categoría que fundamenta el respeto mutuo entre todos los seres humanos y los seres humanos y Dios y su Creación, es la categoría de Alianza, y una Alianza de Amor. ¡En una Alianza de amor hay relaciones mutuas, y no de superioridad o inferioridad! ¡Mutuo reconocimiento y respeto y mutuo respeto! ¡Atención mutua! ¡Mirada en doble dirección!

«el honor supone un individuo que se ve a sí mismo siempre a través de los ojos de los otros, que tiene necesidad de los otros para su existencia, porque la imagen que tiene de sí mismo es indistinguible de la que le presentan los demás» (Pierre Bourdieu).

Con todo, “los actos que vehiculan el respeto –los actos de reconocimiento de los otros– son exigentes y oscuros”3.

El respeto como movimiento de aproximación y distancia

El respeto es movimiento, es dinamismo.  Quien respeta se acerca y, al mismo tiempo, guarda una cierta distancia4.

– El respeto consiste en acercarse: para poder apreciar, percibir, conocer al otro, a lo otro. En el acercamiento se percibe la singularidad, lo concreto, de una persona, su valor; al acercarse todo crece y se puede contemplar mejor. Hay respeto cuando uno se acerca por la persona misma, por la realidad misma, y no porque “¡esa es mi obligación!” o “¡por interés!

– El respecto consiste también en guardar una justa distancia.  La persona a la que nos acercamos tiene su zona de misterio, de intimidad, su “espacio aéreo” que no debemos sobrepasar, sino contemplar a distancia y desde ella dejarnos afectar. La aproximación del respeto nos hace perder nuestro lugar, nuestro espacio de dominio y posesión. El otro, lo otro, no es nuestro rehén. Nosotros nos volvemos vulnerables ante ellos. Quien respeta no es violento, pero tampoco impone el amor. Amar supone respetar, pero respetar no supone siempre amar.

El respeto a lo sagrado

Para las religiones el máximo respeto es debido a “lo sagrado”. La falta de respeto es profanación. El respeto se suele expresar en ellas como “inclinación”, gestos de adoración, ante la Fuente de la vida (dioses, ancestros, ritos, textos fundacionales).

En nuestra fe confesamos la Encarnación de Dios. Y nuestra relación de respeto hacia lo sagrado tiene mucho que ver con las consecuencias de la Encarnación: “lo que hicisteis a uno de estos mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis”. “Dios es amor, quien ama conoce a Dios”. En los demás –sin exclusión– respetamos a nuestro Dios. Los derechos humanos son “sagrados” y por eso, cualquier persona merece nuestro respeto.

Ese misterio sagrado envuelve a una comunidad religiosa. Ella merece ser respetada, pues es morada de Dios entre nosotros. Y dentro de la comunidad todas las personas que la constituyen.

Sus rasgos: la Mirada y la Atención

El respeto tiene dos rasgos fundamentales: la mirada y la atención.

“La mirada”

Lo primero para el respeto es mirar: si no se mira bien, no se ve. No toda mirada capta la auténtica realidad. Es fácil mirar, pero difícil mirar bien: “lo esencial es invisible a los ojos”, decía el Principito de Antoine de Saint-Exupéry. La mirada humana más penetrante es la que detecta el carácter extraordinario de lo más común. Simone Weil escribió: “lo que nos salva es la mirada”, ¡la mirada atenta! De la mirada atenta surge el respeto: “presta atención –mira atentamente– y haz lo que quieras”.

La mirada no implica únicamente a los ojos, también a la mente y al corazón. A veces con los ojos cerrados es cuando vemos con más claridad. Los ojos pueden ser el más indiscreto de los sentidos Se hace necesaria la discreción en el mirar. El mirar se convierte entonces en una cuestión ética: la mirada ética5, que requiere pudor, moderación, vergüenza, indulgencia, consideración6.

La mirada es más receptor que foco y fuente7. Ella nos lleva más al asombro y al respeto que al dominio. La mirada es el sentido del respeto: “Es cierto que el mundo es lo que vemos y, sin embargo, hemos de aprender a verlo”8. No solo lo que oímos nos interpela; lo que vemos también nos interpela. Depende de nosotros el que el mundo que vemos se nos muestre; no lo hace automáticamente. Por eso, hemos de aprender a mirar.  Solo así se nos mostrará lo que puede llegar a mostrarse.

La invitación a proyectar la mirada es muy frecuente en el Nuevo Testamento, especialmente en los evangelios de Mateo y de Lucas: “¡Mirad! (ἰδού) es una partícula que frecuentemente traduce la expresión hebrea hinēh, y que invita a estar atento a aquello que se dice o a aquello que se ve9. Jesús invita a sus discípulos y discípulas a ello:

“Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mt 6,26).

“Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Por eso, sed sagaces como las serpientes y sencillos como las palomas” (Mt 10,16).

“Mirad, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios” (Hch 7,56).

“Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él” (1 Jn 3,1).

El respeto se inicia con la mirada. La Palabra de Dios nos invita a ello constantemente. El juego de miradas puede indicarnos el grado de atención o desatención que rige en nuestra comunidad.

La atención

El respeto necesita no solo de la mirada, también de la atención, o de la mirada atenta. La atención es como el agua. Fluye. Es líquida. Creamos canales para distribuirla y que fluya10. Los magos, los cineastas hacen trucos para que la gente ponga su atención donde ellos quieren; en un mundo lleno de distracciones las empresas usan hábilmente la coreografía de la atención para que la focalicemos donde a ellas les interesa. Hacemos focos de atención nuestras agendas y teléfonos móviles.

La mirada superficial, que fluye de un lugar a otro sin detenerse no genera el respeto. ¡Solo la mirada atenta! Ser atento es un buen hábito, una manera de proceder en la vida, una virtud. Cuando uno practica la atención esta se convierte en un hábito, en una costumbre. Quien más atención presta, mejor se orienta y más respeta. Sin respeto es imposible la comunidad religiosa. La comunidad se disgrega, se enfrenta, la vida consagrada pierde su fecundidad. La comunidad es el resultado de la atención y del respeto.

La Palabra de Dios nos invita a prestar atención. Esa es la primera actitud de quien vive en Alianza con Dios: Shema, Israel, escucha Israel. “Ojalá escuchéis hoy mi voz, no endurezcáis el corazón”.

En la Biblia el verbo προσέχω (prosecho) es el verbo de la atención. Significa volverse hacia algo, aproximar o aproximarse o simplemente tocar; también significa volver la mente, atender, estar atento a una persona, a una cosa (Job 7,17), a uno mismo (Gen 24,6; Ex 10,28; Dt 4,9; Lc 17,3; Hch 5,35):

“Presta atención a la voz del Señor, a sus palabras” (Dt 12,19.28;15,5):

“Hijo mío, presta atención a mis palabras, inclina tu oído a lo que digo” (Prov 4,20).

Y Job se pregunta: “¿Qué es el hombre para que le hagas tanto caso, para que pongas tanta atención en él?” (Job 7,17). Por eso, el ser humano se atreve a decirle a Dios: “¡Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica!”.

Estamos convencidos de que Dios es atento con nosotros. La carta a los hebreos pide a los creyentes que “fijen su atención en Jesús, Apóstol y Sumo Sacerdote de la que confesamos” (Heb 3,1). La palabra de los profetas es como una lámpara que alumbra en la oscuridad a la que se presta atención (2Pe 1,19).

Ética y espiritualidad del respeto: bajo la mirada atenta

La ética y la espiritualidad del respeto nos puede llevar a tener una visión más rica, profunda y feliz del mundo en que vivimos. Descubrir la dignidad de cada persona y la dignidad de la naturaleza –con la vida que en ella se desarrolla–, y de la misteriosa creación –lo visible y lo invisible– es la gran revelación que ilumina nuestra vida.

Descubrir desde esta óptica mi comunidad es encontrarse con un tesoro escondido. Hoy, ser indiferente no cuesta nada: basta con no hacer nada, con no mirar, no prestar atención. La indiferencia es la distancia total. La ética del respeto bajo la mirada atenta reconfigura de un modo espectacular nuestra vida11. Decía Simone Weil que “el objetivo principal de la educación debe ser ejercitar la atención”.

La falsa teología es aquella que aísla de las cosas y de los otros. La falsa modestia lleva a la inactividad del sentimiento natural del respeto, de la atención, de la mirada. Nos desconecta del mundo. El aislamiento es la vida sin mundo y sin identidad.  El respeto que nace de la mirada atenta nos conecta con el mundo y esta conexión es la mejor vacuna contra dogmatismos, eslóganes, ideologías y lenguajes aparentemente técnicos, pero en realidad vanos.

El respeto y la mirada atenta salvarán nuestras comunidades. La vida consagrada se regenerará a partir de la virtud del respeto y la mirada atenta a uno mismo, a los hermanos y hermanas de comunidad, a la gran comunidad cristiana y religiosa de nuestro mundo, a todos los seres humanos sin exclusiones, a todas las formas de vida de la naturaleza, al misterio visible e invisible de la Creación. Porque la totalidad es sagrada (Gregory Bateson).

Conclusión

Merece respeto la vida consagrada que es respetuosa. El ámbito semántico de la palabra “respeto” nos indica cómo ser hoy iconos vivientes del respeto.

Es icono del respeto y de la mirada atenta aquella persona consagrada que se respeta a sí misma, y muestra especial respeto por los mayores, los niños, la mujer o el varón, la diferencia sexual; quien es respetuoso con todas las expresiones de la vida: animales, plantas, medio ambiente; quien dirige su mirada atenta y apreciativa a las culturas, a las formas diversas de pensar; quien no se deja llevar por el chismorreo, la difamación, quien no propaga noticias falsas. Es icono del respeto quien, sobre todo, honra a Dios, lo adora, se acerca a Él y al mismo tiempo sabe mantener la distancia. El respeto a lo sagrado le pide no recurrir a tópicos religiosos, evitar la verborrea sobre lo divino, no llevar una vida vulgar cuando se es consciente de estar “ante la presencia del Misterio”. Quien respeta “lo sagrado” es un icono consagrado.

 

 

1  Cf. Richard Sennett, El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad, Ana-grama, Colección Argumentos, Barcelona 2003.

2  Nos encontramos en el universo de la mirada: spectaculum es lo que se mira; respicio es mirar atentamente; respectus es el resultado de esa mirada. Cf. Josep M. Esquirol, El respeto o la mirada atenta. Una ética para la era de la ciencia y la tecnología, Gedisa Editorial, 2ª edición, Barcelona 2006, pp. 64-70.

3  Richard Sennet, o.c., p. 70.

4  Cf. Josep M. Esquirol, El respeto o la mirada atenta. Una ética para la era de la ciencia y la tecnología, Gedisa Editorial, 2ª edición, Barcelona, 2006, pp. 60ss.

5  Cf. Josep M. Esquirol, o.c., p. 16.

6  Cf. Josep M. Esquirol, o.c., p. 23.

7  Merlau-Ponty, M., El ojo y el espíritu, Buenos Aires, Paidós, 1977, p. 6; Id., Lo visible y lo invisible, Barcelona, Seix Barral, 1970.

8  Merlau-Ponty, M., Lo visible y lo invisible, p. 20.

9 Cf. Mt 1,20; 2,1,13; 9,18;12,46;17,5; 26,47;28,11. Es un utilizado también cuando al final de un relato se introduce algo nuevo: Mt 2,9;3,16;4,11; 8,2,24, 29,32,34;9,2ss,20;12,10;15,22;17,3;19,16; 26,51;27,51;28:2,7; Lc 1,20,31,36; 2,9,25; 9,30,38s; 10,25;14,2; 24,13; Hch 12,7;16,1.

10  Sebastian Watzl, Structuring Mind. The nature of attention & How it shapes Consciousness, Oxford University Press, 2017.

11  Cf. Josep M. Esquirol, o.c., p. 25.

 

Sugerencias

Para la reunión comunitaria

– Compartimos los sentimientos que cada parte de la reflexión de hoy nos suscita: 1) La virtud del respeto; 2) Los rasgos del respeto: la mirada y la atención; 3) La ética y la espiritualidad del respeto.

– ¿En qué medida enriquece esta meditación mi proyecto de vida personal, y nuestro proyecto comunitario? Compartimos nuestras propuestas.

Para la reflexión personal

– Podemos meditar las siguientes frases sobre el respeto y pedirle al Espíritu Santo que nos guíe y energice en el proceso del respeto y de la mirada atenta.

– “El secreto de una vida feliz es el respeto. Respeto por ti mismo y respeto hacia los otros” Ayad Akhtar (actor y escritor, premio Pulizter).

– “No hay nada más despreciable que el respeto basado en el miedo” Albert Camus (novelista, filósofo y dramaturgo francés, premio Nobel de Literatura 1957).

– “Demuestre respeto por las opiniones ajenas. Jamás diga a una persona que está equivocada” Dale Carnegie (empresario y escritor estadounidense de libros de autoayuda).

– “El respeto es una calle de dos vías, si lo quieres recibir, lo tienes que dar” R. G. Risch (ingeniero y autor de obras de ciencia ficción).

– “La novedad atrae la atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arco iris si este permaneciese por mucho tiempo en el horizonte” Berthold Auerbach (poeta germano-judío).

– “Poned atención: un corazón solitario no es un corazón” Antonio Machado (poeta español de la generación del 98).