LA VIDA CONSAGRADA EN FEMENINO SINGULAR

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Diálogo abierto y comunión en libertad entre religiosas y religiosos

Ana Almarza, Religiosa Adoratriz

¿La vida consagrada se está abriendo a una nueva comprensión de la mujer?

En la vida consagrada, como en el resto de la sociedad, mantenemos una reflexión abierta sobre nuestros aportes y espacios como mujeres en la Iglesia. Vivimos los mismos procesos que el resto de mujeres, con los mismos problemas, y los mismos avances. En las últimas estadísticas el número de mujeres consagradas superaba al de hombres en el 61%. Desde el Concilio Vaticano II nuestra voz, reivindicando la ocupación de nuestros espacios dentro de la Iglesia, empezó a oírse con más fuerza, no hay marcha atrás. La reflexión está abierta hace muchos años, sigue estando provocada por la situación real, las mujeres seguimos estando relegadas, en casi todos los espacios, a un segundo plano. Seguimos en la sombra de los cambios y de la toma de decisiones. Vivir codo a codo con mujeres víctimas de la trata con fines de explotación, compartir su dolor, la vulneración de sus derechos, violencia machista, desigualdad, nos hace activas en el compromiso por la igualdad.

¿Percibes cambios significativos?

En la Iglesia como en la sociedad vivimos un tiempo de cambios sin precedentes. Cambios significativos en el empoderamiento como mujeres, cambios en la participación. El papa Francisco está fomentando la participación de las mujeres, ya hay mujeres, pocas, que ocupan cargos de responsabilidad en la estructura del Vaticano. La Iglesia debe detectar espacios para la presencia significativa de las mujeres. El Papa en Evangelii gaudium, dice, hay que “garantizar la presencia de las mujeres en los diversos lugares donde se toman decisiones importantes tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales.” Afirma “todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, sobre todo “en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes”. “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres… no se pueden eludir superficialmente”.

¿Qué echas de menos?

Echo de menos una reflexión serena, un diálogo abierto y una comunión en libertad entre religiosas y religiosos. Creo necesaria la confrontación serena con el poder transformador de la Palabra de Dios. Una reflexión, desde la perspectiva de género, sobre el bautismo, la vocación y la misión de las personas consagradas como principios sobre los que se apoya la pertenencia a la Iglesia. Quienes recibimos el bautismo, hombres o mujeres, somos parte de laIglesia con derechos y deberes, participando de la única Vocación y Misión.

Más diálogos con hermanas y hermanos sobre el sentido de la vida consagrada, compartir el testimonio y mensaje de fundadoras y fundadores, profundizar los documentos de la Iglesia sobre la vida consagrada, seguir potenciando la sororidad y la solidaridad entre las religiosas. Unirnos en los procesos de recuperación de quienes viven en las periferias, seguir potenciando proyectos inter congregaciones en favor de las personas más vulnerables, prestar más atención a las violencias contra las mujeres.

¿Cómo podríamos impulsar la deseada complementariedad entre mujeres y hombres al servicio de la humanidad desde el Evangelio?

En la Iglesia hay dos posturas; la de quienes creen que las mujeres no debemos ejercer ningún tipo de liderazgo o servicio, y aquellos que entienden que sí. Sospecho que la primera es la mayoritaria, me resulta difícil ver cómo armonizan su postura con el Evangelio. Y la segunda, la de quienes entienden que las mujeres podemos y debemos ejercer liderazgo en la Iglesia.

Tendríamos que desarrollar conjuntamente el concepto de complementariedad en todas sus dimensiones, liderazgo de las mujeres. Superar mentalidades, prejuicios culturales y sociales en ajenos al mensaje evangélico. Las mujeres necesitamos poner nuestros dones y talentos al servicio de la Iglesia.

Dios nos creó hombres y mujeres, Jesús se hizo humanidad, está conectado con nuestras experiencias, con nuestra cotidianidad, con la Historia de Salvación de hombres y mujeres que construimos Reino buscando una sociedad más justa, más equitativas, más complementaria, con menos violencia. La participación de las mujeres en la Iglesia, es uno de los desafíos más importantes que debe afrontar la Iglesia en este siglo XXI.

Completa la frase: La mujer comprende el mundo y sus necesidades con otra visión porque…

Vivimos situaciones de desigualdad, y conocemos de primera mano el sufrimiento causado por la desigualdad de género a lo largo de toda la historia.