LA REVISTA VR EN EL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

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perramona¿QUÉ ES HOSPITALIDAD? (Lourdes Perramon, Oblata del Smo. Redentor)

Si hay realidades que difícilmente se pueden definir con palabras, me temo que la hospitalidad es una de ellas. Simplemente la percibes y experimentas cuando con una respiración profunda puedes decir: “¡me siento en casa!”. Esa sensación que sabemos sobrepasa en mucho la mera experiencia del espacio físico cotidiano y nos habla de familiaridad, de acogida, de protección, de calor de hogar.

El término en sí, quizás no sea utilizado de manera generalizada por todas las familias religiosas, sin embargo en la formulación de los diversos carismas, existe una pluralidad de valores y actitudes que dan rostro a los diferentes elementos que la componen: acogida, fraternidad, comunión, relaciones de igualdad, comprensión, respeto, escucha, apoyo, misericordia y en definitiva, amor gratuito.

De algún modo podemos decir que la llamada de Jesús y su envío, tiene matices de hospitalidad en la invitación a crear espacios de Reino, oasis de alivio, respiro y frescura, desde lo que identifica a cada congregación. Así unas la viven y ofertan cuidando ámbitos de silencio e interioridad, otras a través de la sanación y cuidado de la persona en sus diferentes vulnerabilidades, muchas desde la confianza que capacita para aprender y crecer, tantas otras en la acogida y acompañamiento de quienes han sido colocados en las periferias y márgenes sociales, muchas en la complicidad con la defensa de derechos olvidados o negados y, en definitiva, abrazando todas esas realidades y estableciendo auténticas relaciones de hermandad, desde el Dios Padre-Madre inmerso en cada una de ellas. Sin embargo, en el momento actual de la vida consagrada, la llamada a la hospitalidad cobra mayor intensidad y desafío no en nuestra proyección externa en obras y proyectos, sino entre hermanas y hermanos, en la propia comunidad. Pues ¿qué clase de acogida, misericordia o confianza transmitimos, si nuestras comunidades no son verdadero hogar? ¿Cómo podemos decir que la misión nos configura, si nuestras relaciones son meramente respetuosas pero no comprensivas y cálidas? ¿Qué credibilidad puede tener nuestro servicio si en nuestras casas no se respira evangelio?

José M. Benito Serra, quien junto a Antonia de Oviedo fundaron nuestra Congregación hace 150 años, decía ante el clamor de las mujeres que buscaban una alternativa a la prostitución “si todas las puertas se les cierran, yo les abriré una”. Y realmente abrieron puertas al inaugurar la primera casa, pero eso fue posible porque antes abrieron su corazón.

Celebrar en comunidad la vida y la fe, acompañarnos en las preocupaciones y anhelos, perdonar los errores, optar por las nuevas oportunidades y direccionar todas nuestras posibilidades en el proyecto común que nos identifica y convoca, es vivir la esencia de la hospitalidad en comunidades abiertas que hacen posible la misión compartida, que hacen visible el Reino.