LA NECESARIA ATENCIÓN A LOS TRAYECTOS DE LOS JÓVENES CONSAGRADOS

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Los jóvenes no aguantan discursos preparados

Patricia de la Vega, Hija de la Caridad. 33 años. Pamplona (Navarra). Lleva seis años en las Hijas de la Caridad. Acompaña a personas solicitantes de asilo y refugiados.

Para ti, ¿qué es lo más atractivo de tu vida en tu institución?

La posibilidad de vivir la fe, de vibrar con el servicio, lo que hago y sueño cada día con otras hermanas. Experimentar que siempre camino acompañada aunque vaya sola; que soy enviada. Vivir en comunidad me permite abrir el corazón a personas muy diferentes, crecer, ver que Dios nos llama y respondemos desde la limitación. Es increíble cuando experimentas que Dios te ha enviado a un lugar con unas personas que quizá no hubieras elegido y te reconoces amada y amando. Entonces puedes vivir todo lo que haces cada día desde el agradecimiento. Sin duda es algo mágico. Por eso al mismo tiempo me pregunto: ¿por qué no la cuidamos más?

¿Son los carismas imposibles para esta cultura?

Son un gran desafío porque hablan de que lo imposible es posible. Nos proponen una manera diferente de vivir, no sujeta a las modas o ligada al poder. Una vida auténtica, apasionada, donde se experimenta el perdón y la grandeza, con toda su dureza, del amor.

¿Dónde crees que deberíamos incidir más para conectar con los jóvenes, sus esperanzas y necesidades?

Para conectar con los jóvenes, como con cualquier persona, hay que pasar tiempo con ellos, quererlos, estar dispuestas a escucharlos. Caminar a su lado con paciencia respondiendo a las preguntas que ellos se hacen, sin llevar un discurso preparado, alejado de su realidad, y ayudarles a suscitarse preguntas.

¿Crees que la institución está dispuesta a hacerse posible para una persona joven?

Esta es una llamada urgente. Creo que la Compañía debe reflexionar seriamente acerca de cómo responder a esta llamada, preguntarnos, cada una, si estamos dispuestas a asumir este servicio, qué es aquello que nos impide hacerlo… porque creo que todas deseamos estar cerca de los jóvenes, ser lugar de encuentro, llevarles la persona de Jesús.

¿Consideras adecuada la pastoral «con los jóvenes» que estamos realizando?

Creo que la Iglesia y por lo tanto quienes la formamos tenemos que seguir caminando para acercarnos a los jóvenes y aceptarlos como son, sin exigirles que piensen, sientan y vivan con nuestros criterios ya determinados; responder a sus preguntas y dejar a un lado discursos legalistas, moralistas, que no dejan ver a Dios; hablarles y expresarnos en su lenguaje para que descubran a Jesucristo; buscar ser coherentes y arriesgadas en nuestras vidas; mostrar nuestra debilidad; propiciar espacios de oración y hablarles con claridad de nuestra fe. Y nunca perder la alegría y la esperanza.

¿Qué significan en tu vida palabras como: solidaridad, amor, soledad, oración, amistad?

Estas realidades forman parte de mi vida ahora y antes de entrar en la Compañía. Quizá la diferencia es que esta vocación me ayuda a vivirlas desde una mayor libertad, más plenamente, reconociendo que el principio de todas ellas es el amor, que el camino es la misericordia y que me conducen a entregarme gratuitamente, compartiendo mi vida con quienes viven al margen.