JESÚS Y JUDAS EN «CUARENTENA» (MIÉRCOLES SANTO)

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Antes de hacerse explícito el abrazo de la cruz, Jesús quiere vivir la Pascua con sus discípulos. Entre ellos está Judas.

Es inevitable que la Palabra y celebraciones de estos días resuenen en nosotros de modo muy especial. La incertidumbre e inseguridad de un proceso de confinamiento tan difícil como el actual, nos está pasando factura. Por más que aplaudamos o edulcoremos la realidad, lo cierto es que el ambiente es de cruz con cierta penumbra sobre sus posibilidades de salir de ella. Las noticias constantes de nombres próximos que nos van dejando, por más que las vivamos en fe, contribuyen activamente a un clima de pasión a la que le cuesta ver el horizonte de pascua.

Hoy nos encontramos con un hecho que nos crea perplejidad. Jesús cuenta con Judas para su cena de despedida de amigos. El contexto pide que viva este ambiente íntimo y especial con quienes, de verdad, siente unidos a sus intereses, a su corazón. Se trata de un confinamiento desde la realidad. Algo muy similar a los lugares y espacios donde nos «pilló» a cada uno el mandato de no salir, no encontrar, no abrazar. Estamos con quienes estamos. Es la realidad. Vivimos juntos, compartiendo suerte, aquellos y aquellas que el día en que se decretó el estado de alarma estábamos juntos.

Cuando éramos pequeños, en los campamentos de verano, siempre se nos proponía una dinámica recurrente que favorecía el aflorar los sentimientos. Se titulaba más o menos: «¿A quién llevarías a una isla desierta?». Te obligaba, en plena adolescencia, a hacer una elección y a mostrar una decisión. No quiero entrar en el valor u oportunidad de aquella dinámica, pero sí me estoy encontrando –virtual y telefónicamente– con un buen número de consagrados y consagradas que se están haciendo preguntas sobre con quién o con quienes están viviendo este tiempo de relación, tan limitado.

Este tiempo de confinamiento no añade, por supuesto, más valor a la vida comunitaria. Lo que hace es poner luz sobre el sentido real de la comunión. No provoca el nacimiento de un profetismo inédito, aflora el profetismo que cada quién ha cuidado en la normalidad. No sé si ayuda a crecer en la fe, pero sí permite que quien tiene fe viva y proponga desde ella. En este sentido, este tiempo de cuarentena está poniendo luz sobre lo que en verdad somos y las verdades que sustentan nuestra identidad.

¿Qué duda cabe que cuando esto acabe, necesitaremos espacios, relaciones y verdades diferentes? ¿Quién se atreve a poner en cuestión que ha de nacer otro modo de presencia dentro del Pueblo de Dios? ¿Quién cree que todo va a seguir igual?

Jesús, sienta a su mesa y comparte el pan con Judas. Este representa la avaricia, la envidia, la falta de aceptación y verdad. Representa Judas el escepticismo de confundir los valores del reino con la seguridad contable. Judas es hoy el paradigma de la desconfianza de que algo pueda cambiar. Nos dice Jesús, al sentarlo a la mesa, que la irrupción del Reino no es ni agresiva ni radical. No es cuestión de enfrentar lo blanco de lo negro. No se afirma el valor de la eternidad entre lo objetivamente bueno y lo objetivamente malo, porque la radicalidad ideológica queda profundamente cuestionada por el amor, que necesita hablar de un «todos real».

Por eso en estos días de confinamiento con quienes en suerte nos ha tocado vivir esta experiencia inédita, la clave no es espiritualizar lo humano, sino humanizar la experiencia profunda de fe. Traspasar el freno de antropologías que nada tienen que decirse, para llegar a intuir el gran diálogo de fe que encierra toda persona. Hay que estar muy atentos porque tantos días confinados provocan que la agresividad y la soberbia se hagan manifiestas. En estos días, invitados a compartir la pascua, la actitud no puede ser otra que la de Jesús… invitar a todos y a todas a la mesa de la vida de cada uno de nosotros, no perdernos en distancias y no caer en la añoranza de pensar con quién no te importaría vivir confinado o confinada. La actitud positiva y humana es que sorpresivamente Jesús te invita a su pascua, sin reprocharte que en ti haya signos de desconfianza, soberbia, mentira, agresividad o envidia… Porque en todos, el paradigma de Judas, antes o después, se hace palpable y especialmente en tiempos de coronavirus.