DICIEMBRE CON SABOR A EDUCACIÓN

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(Montserrat del Pozo). Diciembre une la grandeza a la pequeñez, Dios-Niño. Por esto es un mes para educadores, un mes que nos anima a avanzar con la mirada en Nazaret, escuela de educación que tuvo al mejor alumno posible, y en cada uno de nuestros alumnos que nos recuerdan el hermoso imperativo “Dejad que los niños se acerquen a Mí”. Ante un niño, siempre se vislumbra el hoy y su mañana. Educamos hoy para mañana, estamos convencidos, y para un mañana incierto que desconocemos, pero lo que sí conocemos son las competencias que los que se educan hoy van a necesitar en el futuro. Ofrecer a los alumnos la posibilidad de crecer en autonomía es facilitarles su conquista de la libertad para mañana; fomentarles la creatividad es abrirles caminos para vivir en la era conceptual; hacerlos protagonistas de su aprendizaje es favorecer que encuentren la verdadera motivación y puedan tomar decisiones adecuadamente; ayudarles a adquirir la competencia global es posibilitarles su compromiso con un mundo mejor. Quienes se forjan hoy en nuestros colegios han de liderar el mañana que van a vivir, que siempre les será nuevo.

Por supuesto que la educación que impartimos hoy no tiene todas las respuestas, pero lo que sí posee es la certeza de que no las tiene, y la decisión de formar personas capaces de encontrarlas.

El siglo XXI, al igual que el siglo I necesita y necesitará personas excelentes, buenas, empáticas, comprometidas con la búsqueda de la Verdad, la pasión por la Belleza y el compromiso con el Bien. Personas que han apostado por la sabiduría, que han desarrollado sus inteligencias, personas empáticas con la sensibilidad que les mueve a hacer el bien.

Navidad es el reclamo a no olvidar la grandeza de la persona, en su dignidad de ser imagen y semejanza de Dios. Diciembre del año 1 de nuestra Era cristiana es el cumplimiento del deseo de tantas civilizaciones, del deseo, confesado o no, que ya se escuchó por primera vez en las primeras páginas el Génesis “seréis como dioses” y que siempre se repite por el anhelo de infinito del corazón humano. En diciembre del año 1 Dios se hace Hombre, trae al mundo la novedad más impensable. Desde entonces la medida del ser humano es Dios. Las palabras se resisten a enunciar el Misterio, porque las sobrepasa. Y Jesús, Dios-Hombre crece, se forma, asimila, aprende, vive en sus diez mil días de Nazaret lo que proclamará en su vida de adulto en Galilea, en el Evangelio. Se aprende para la vida.

Cuando parece que sobrecoge la empresa, consuela y anima la seguridad de que somos maestros con el Maestro. Indudablemente, Diciembre es mes de educadores.