DEJARSE ATRAER…

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(Teresa Comba). Comenzamos marzo y con él, el tiempo de Cuaresma, una etapa especial para dejarnos atraer. Los días son más largos y se dan muchos cambios meteorológicos, luego hay que levantar a menudo los ojos al cielo. Para atender los cultivos y que no se estropee lo plantado y para poder vivir más a fondo la experiencia de sentirnos criaturas y experimentar nuestra absoluta dependencia de Dios.

Recuerdo que en una ocasión fuimos a una eucaristía de jóvenes, con los peques y adolescentes del hogar donde trabajaba. Fue muy bonita, con un coro estupendo, una homilía cercana y un ambiente fraterno muy agradable. A la salida, nos despedimos de algunos de los religiosos y laicos que habían venido en alguna ocasión a casa. Cuando volvíamos ya para el hogar, en el coche se escuchaba el silencio. De pronto, Guille, un crío, despierto y vivaracho, de nueve años, preguntó: ¿Por qué hacen esto los curas? ¿les pagan? Le expliqué cómo iba lo de los salarios de los sacerdotes religiosos y que no era el típico oficio para “sacar dinero”. Después de otro breve silencio, mirando medio distraído por la ventanilla del coche, afirmó: Lo hacen por amor…

Amor, atracción… El pueblo de Israel, en su travesía por el desierto hacia la tierra prometida pudo tener la vivencia del hambre, de la sed, del cansancio, de la inseguridad, del sentirse perdido, de la impotencia, incluso de la desesperación. Hoy en nuestra vida religiosa, posiblemente también tenemos experiencia de estas realidades: ¿Quién no ha sentido alguna vez el vacío o intenta llenar su hambre o sed de sentido, de Dios, con trabajo imparable, con experiencias espirituales, con cumplimiento impecable de responsabilidades…? ¿Quién puede decir que nunca experimenta el cansancio interno, la sobrecarga de tareas?

¿Quién no tiene a veces la sensación de vivir un poco en la inseguridad? ¿Quién no se ha sentido nunca perdido, en algún área de su vida? ¿Quién no se ha desesperado un poco porque no acaba de ver un horizonte claro de a qué se nos está llamando hoy a vivir como religiosos y religiosas?

Se nos invita pues, a convivir con todas estas vivencias, estos límites y dejar a Dios ser Dios en nuestra vida, dejarnos cortejar por Él, ceder a su atracción, porque Él sí sabe a dónde nos acompaña, a donde desea conducir hoy a la vida consagrada. ¡Feliz Cuaresma!