Quién y cuál

Hoy en día es muy difícil comprender la labor de un pastor de ganado y más, la imagen del mismo, para significar la guía de la comunidad cristiana. Pero Jesús se compara a sí mismo de esa forma y a nosotros con un rebaño…

Nosotros somos de los suyos, y nos tiene como lo más valioso hasta el punto de dar la vida entera por nosotros. Como hace un pastor de ganado nos conoce a cada uno por nuestro nombre; nuestros rasgos, humor, genética y posibilidades. Y nos guía. Camina a nuestro lado durante toda la vida.

Nosotros somos de los suyos, y nos considera de su rebaño. Y nosotros le conocemos; apreciamos el timbre de su voz, su manera de acoger, de abrazar y de educar.

¿De verdad? ¿Qué voces escuchamos y a cuáles hacemos caso? ¿Qué alimentos me prometen y cuáles necesito yo? ¿A quién sigo? Y, de verdad, ¿quién me salva? Tenemos miles de promesas y programas; todos nos prometen la vida eterna, aquí, ahora y de golpe. Tenemos más “pastores” de lo que reconocemos.

La iglesia hoy nos recuerda que el cuidado y la entrega del Maestro se sigue produciendo a través de hermanos y hermanas que nos guían y acompañan. Son ellos los que velan por nosotros para que nadie nos devore, nos pierda, nos haga sufrir y nos quite la esperanza. Son ellas las que nos acogen amorosamente para devolvernos al camino y a la comunidad donde nutrirnos y sentirnos amados. Y como el Buen Pastor, no persiguen nada de nosotros que no sea el gozo de sentirnos «ovejas de su rebaño»; del grupo de discípulos de Jesús.

Hoy día es la ocasión para discernir los que más nos mueve: si la política o la fe, los discursos o la Palabras, las promesas electorales o la formación cristiana, la denuncia o la queja. ¿Quién es nuestro Pastor? ¿Y cuál nuestro rebaño?

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