Anunciar, proponer, invitar

001aCuando Herodes apresa a Juan -y calla su boca- es cuando Jesús se decide a abrir la suya e invitar al Reino. Una invitación a la que no respondería ninguno de nosotros…

Sale del centro religioso y se marcha a los límites, a la Galilea, para anunciar que comienza la Salvación. En los misterios del rosario se ha introducido esta escena del inicio de la predicación de Jesús. Incorporado en los misterios de Luz nos refiere al misterio de un anuncio a los últimos y con un carácter gozoso.

Jesús comenzó el anuncio por los más alejados del Templo, de la ciudad Santa. Comenzó por los galileos, por los pescadores, por los enfermos, los endemoniados, los ciegos, las viudas, los niños… Quizá porque es más difícil el cambio en los centros de poder que en las afueras, en la mezcla, en los barrios.

Su predicación difería de la de Juan y de los profetas que denunciaban errores doctrinales, tipos de vida, pecados y exigían conversiones y arrepentimientos. La misma temática y modos que Jonás a Nínive: «Dentro de cuarenta días será destruida». Y, por miedo, por sorpresa o por decencia, Nínive se convierte de su conducta, reconoce sus desvaríos y cree en Dios. Y Jonás, que había dudado de Dios, queda desconcertado porque se convierten antes los pecadores que los de Jerusalén. Jesús comenzó a hablar de gozo y buena noticia y proponía un cambio -en la vida personal- para acomodarse a ese reino que llegaba.

Y quiso que en la tarea le ayudasen pescadores de la Galilea; dos pares de hermanos; gente corriente para el inicio de ese Reino porque los preparados en la Ley de Moisés parecen estar en otras cosas. Y aquellos dos, más otro par de hermanos, creen en la promesa de Jesús y dejan de echar las redes en el agua para proponer por los caminos; anunciando e invitando.

Apresan a Juan y Jesús comprende que ha llegado «su momento». ¿Cuál es el tuyo? Quizá sea ahora; donde se ha bloqueado una situación familiar, ha aparecido una enfermedad, te lían unos estudios, te sorprende un «despido», te violenta un nuevo destino… ¿Cuál será el momento de los cristianos? Quizá el de mirar lo que les une y dejar tantas diferencias que les atan.

Una persecución abrió infinitas posibilidades para el Reino; para Jesús. Miles de persecuciones de cristianos abren la posibilidad de considerarnos todos hermanos y sentirnos invitados a la Unidad.

Esta entrada fue publicada en Reflexiones encarnadas. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *