Bastón, sandalias y Cristo:

 El equipamiento está reducido a lo esencial, un bastón y sandalias, lo necesario para ir, conforme al mandato recibido, de pueblo en pueblo, predicando la conversión y la venida del Reino de Dios.

Se nos dice que, a sus discípulos, Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. En virtud de esa autoridad, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

A los que encargó que no llevasen para el camino pan ni alforjas ni dinero, les encargó que, a los excluidos, les llevasen la misericordia de Dios y la salvación que de Dios esperaban.

Los discípulos del Resucitado, esos que no han de llevar pan para su propia necesidad, han de llevar, para los que tienen hambre y sed de la justicia, el Pan que ha bajado del cielo, y, para los que creen, han de llevar como bendición los bienes que, en la persona de Cristo, el Padre les ha ofrecido, pues en Cristo hemos sido elegidos, en Cristo hemos sido destinados a ser hijos de Dios, por Cristo hemos recibido la redención, el perdón de los pecados, con Cristo hemos heredado la gloria del cielo.

La pobreza del mensajero es condición indispensable para que brille la gracia del que lo envía.

Bastón, sandalias y un derroche de gracia; bastón, sandalias y una bendición que encierra toda clase de bienes espirituales y celestiales; bastón, sandalias y Cristo: eso es lo que el discípulo ha de llevar por los caminos del evangelio.

Feliz domingo.

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