El cielo en tus manos

El Apóstol lo dijo así: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”.

El hombre aquel que tenía dos hijos, se les acercó para hacer a cada uno de ellos la misma petición: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.

Y al oírlo, la Iglesia convocada a la eucaristía entiende que el Padre la está invitando a que vaya a trabajar en su Viña, a que vaya a Cristo Jesús.

“Ve hoy”, nos dice, y es un modo de decirnos: Ve siempre, pues siempre es hoy para el Padre y para sus hijos.

“Ve hoy a trabajar en la viña”: Ve hoy a aprender a Cristo, a hacerte con los sentimientos de Cristo; ve y aprende el amor con que él te ha amado, la humildad con que él ha bajado hasta ti, la pobreza que él abrazó para estar contigo.

“Ve hoy a trabajar”, y aprende la cruz de Cristo: aprende su obediencia al Padre, su entrega a los hermanos, el don de su vida, su solidaridad contigo, la compasión que lo hizo siervo de todos. Ve y aprende a Cristo crucificado.

“Ve a trabajar en la Viña” y, hecha imitadora de Cristo, hazte pobre entre los pobres, pequeña entre los últimos, última entre los pequeños.

A todos va dirigida la invitación. Para todos es la llamada a ir a Cristo. Y de cada uno es la responsabilidad de aceptar la invitación, de responder a la llamada.

Si has cumplido la voluntad del Padre, si te has hecho imitador de Cristo, habrás tomado el camino de la justicia, el camino de la vida, el camino que lleva al reino de Dios.

Si has dicho: “Voy”, pero no fuiste, tú mismo te apartaste de tu justicia, te quedaste fuera de la Viña, te quedaste fuera de Cristo Jesús, te quedas fuera de la Vida.

Si dijiste: “No voy”, pero, recordando ternuras y misericordias, “recapacitaste y fuiste”, habrás entrado por tu pie en la Vida de Dios.

¡Nos va la vida en trabajar en la viña!: ¡Nos va la vida en aprender a Cristo!

Así que bueno, justo y necesario será que aprendamos a aprenderlo.

Y eso –aprender a Cristo- se hace escuchando su palabra: “Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen”.

A Cristo lo aprenderemos imitando su obediencia de Hijo que, entrando en el mundo, dice: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Seis palabras, seis. En ellas se encierra entera la vida de Cristo Jesús, y en ellas está llamada a encerrarse la vida del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, y la vida de cada uno de sus hijos.

Aprenderemos a Cristo imitando su caridad que lo hizo evangelio para los pobres, dejándonos guiar por su pobreza y humildad, y buscando siempre, como Jesús, el interés de los demás.

Aprenderemos a Cristo comulgando con él y dejándonos transformar en él, hasta que sea él solo quien viva en nosotros.

El que nos dice: “Ve hoy a trabajar en la viña”, está poniendo en nuestras manos a Cristo, está poniendo en nuestras manos la Vida, está poniendo en nuestras manos el cielo.

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