Poner “cara rara”

Ayer fui testigo de una conversación muy simpática. Una nieta y su abuela iban caminando por el barrio mientras la adolescente intentaba hacerle caer en la cuenta a su compañera que ponía caras raras cuando se cruzaba con personas “peculiares”. Ella le intentaba expresar que tenía que tener cuidado, porque con su rostro expresaba desconcierto y disgusto. Ella, por su parte, no hacía más que insistir en que a ella “no se le notaba nada”. La más joven, en vez de enfadarse, le decía con cariño y buen humor que,  si ella se daba cuenta, también los “afectados” por sus caras raras podrían percibir su extrañeza. Con todo, la otra se empeñaba en que no hacía gestos, provocando las risas de su nieta.

A todos nos pasa como a esa abuela y dejamos traslucir lo que de verdad nos pasa por el corazón de muchas maneras. Aunque nuestras palabras sean políticamente correctas, aunque nos creamos nuestros discursos, aunque mantengamos la convicción de que cuanto decimos es la verdad más honda… lo que albergamos en el corazón sale a la luz antes o después, de un modo u otro. Y es que “nada hay oculto que no se manifieste, nada ha sucedido en secreto que no se divulgue” (Mc 4,22).

Ojalá se nos vaya regalando que todo aquello que sabemos “de cabeza”, poco a poco, se convierta en algo sabido “desde el corazón” ¡vaya a ser que “pongamos caras raras”!

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Una respuesta a Poner “cara rara”

  1. ma. guadalupe reynoso arenas dijo:

    Como siempre, gracias, Ianire, por invitarme a hacer experiencia del Amor de mi Señor para poder mirar a los otros desde el corazón sanado. Reza por mí, lo hago por ti. Con cariño, sor Guadalupe

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