Griego clásico y Eucaristía

Nunca he negado mi condición de friki, al revés, tengo la certeza de que en esta vida hay que estar entusiasmada por algo hasta el punto de poder parecer extravagante o rara, que es la definición que hace la RAE de este adjetivo. Pues en mi peculiar afición a la Biblia, su mundo y sus lenguas, me estoy leyendo un libro que resulta muy recomendable: “La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego”. La autora, una verdadera apasionada por el griego clásico, te va introduciendo en la lógica interna de esta lengua muerta de forma muy graciosa y amena. Esto ya me lleva a una primera consecuencia muy aplicable a la misión: sólo puede despertar pasión por algo (o por Alguien) quien vive apasionada por eso mismo.

Me diréis que qué tiene que ver todo esto con la Eucaristía. Debe ser por la cercanía de la fiesta del Corpus, pero me ha venido esta relación cuando he empezado a leer cómo la autora explica que en griego las palabras puedan estar en singular, dual y plural. Ella pretendía mostrar que, mientras nosotros nos ocupamos de la cantidad, del número de elementos, a los griegos les interesaba más la relación. De ahí que el dual se utiliza no tanto porque haya “dos” cosas, sino por el estrecho vínculo que, sin dejar de ser dos, se convierten en una unidad.

Hablar de Eucaristía nunca es hablar de números ni de cantidad, sino de lazos, de deseo de unión y de cercanía. Celebrar la Eucaristía nos lanza a generar vínculos y puentes allá donde estamos. Adorar la Eucaristía es acoger a ese Dios empeñado en entrar en relación con nosotros hasta que Él mismo nos decline en dual con Él.

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Una respuesta a Griego clásico y Eucaristía

  1. Dorian Gay dijo:

    Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre
    Mc 14, 12-16. 22-26

    Hoy, los cristianos, seguimos celebrando aquella cena. La llamamos Misa, Eucaristía, Santa Cena… En ella recordamos a Jesús y repetimos sus palabras sobre el pan y el vino que se convierten en signo vivo de su presencia entre nosotros y en señal de la Alianza, del amor de Dios para nosotros. En la Celebración nos juntamos personas de diversas procedencias y, en el nombre del Señor Jesús, descubrimos que Dios nos hace hermanos a todos, que nos invita a vivir en amor y justicia, que nos invita a hacer la paz entre nosotros y a trabajar por la paz en el mundo. Escuchamos la Palabra de Dios y, al comulgar el pan y el vino, recibimos en nuestro corazón la presencia viva de Jesús que nos anima a comprometernos para hacer de este mundo una única cena donde todos nos encontremos como hermanos y nadie se sienta excluido, porque todos somos hijos. En la Celebración rezamos juntos el Padrenuestro, la oración que Jesús nos regaló y que nos hace darnos cuenta de que Dios es padre de todos. Y damos gracias porque en Jesús Dios nos ha liberado de la muerte y del pecado.

    Un abrazo

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