Matar al mensajero

Hoy he estado haciendo cola para pedir cita para una prueba médica y solo había un par de horas libres para mediados de junio. Al responsable de dar citas se le veía saturado y bastante estresado… Tengo que decir que yo no tenía ninguna prisa y que, ante lo inevitable, me salía casi tranquilizarle yo a él más que preocuparme por esperar dos meses. Parece que la reacción habitual de quienes se encuentran en esas circunstancias no es precisamente esa, porque, cuando me he despedido, le ha salido del alma agradecerme “cómo me lo había tomado” y que “así da gusto”. Con esa reacción no hace falta ser muy intuitiva para suponer que acoger el inconveniente de una cita médica demasiado tarde suele despertar otro tipo de reacciones por parte de los pacientes y, seguramente, el pobre hombre tiene que soportar a diario expresiones de contrariedad, malas caras e incluso algún reproche porque “¡hay que ver cómo está la sanidad!”.

Tenemos la mala costumbre de “matar al mensajero” que nos hace llegar la mala noticia de que la realidad no es como la hubiéramos deseado, de que las cosas no salen como soñamos o de que existen otras necesidades más allá de las nuestras. Y, en cambio, ¡cómo se agradece asumir lo que no se puede cambiar y hacerlo con una sonrisa!  

Estamos llamados y llamadas a ser mensajeros de buenas noticias… y quizá, la primera buena noticia es que no pagamos con sus mensajeros las malas.

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Una respuesta a Matar al mensajero

  1. Iñaki dijo:

    Interesante.
    ¿Y que hay de los servidores de correo?
    Necesito una analogía para comprender la profundidad del texto

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