Compañías telefónicas y Vida Religiosa

Esta mañana, hablando con la única persona que conozco que aún funciona con un móvil de prepago, me decía que habían sido las dificultades para cambiar de contrato con la compañía telefónica las culpables de regresar al primitivo método de recargar el saldo del teléfono.

No sé qué tecla ha funcionado en mi cabeza para acordarme de la reflexión que me hacía un amigo religioso hace unos meses. Él planteaba que, con demasiada frecuencia, tenemos una puerta muy amplia para entrar en nuestras Instituciones… pero una muy estrecha para salir de ellas. Y que, evidentemente, no es lo mismo permanecer en una familia religiosa desde el convencimiento de que se está donde Dios quiere… a permanecer porque encontrar trabajo a cierta edad  se hace muy cuesta arriba.

Y es que podemos caer en el riesgo de parecernos a las compañías de teléfonos a la hora de “captar clientes”, saltándonos procesos de discernimiento, acompañamientos pausados y búsquedas honestas de lo que Dios sueña para cada uno/a. Pero, cuando la realidad (y Dios en ella) va “pidiendo cuentas” y se comienza a derrumbar el edificio de una vida construida sobre cimientos poco sólidos… podemos correr el peligro de “contagiarnos” de las mismas trabas que nos ponen cuando queremos cambiar de contrato o de empresa telefónica.

Nuestro mayor empeño institucional tendrá que ser, más que “mantener números” para ser competitivos/as, convertirnos en mediaciones del Amor (con mayúscula). Porque, como decía Lope de Vega,“el amor tiene fácil la entrada pero difícil la salida”…

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Una respuesta a Compañías telefónicas y Vida Religiosa

  1. Mariam Mudarra dijo:

    En primer lugar enhorabuena por tus post, son fáciles de leer y a la altura de cualquier inteligencia. ¡Gracias! Por gracia o desgracia soy una mujer-monja viviendo la travesía de la salida. Tengo a mi favor que no he tenido ni tengo trabas para salir, mi comunidad me apoya, me quiere, me sigue en los pasos que voy dando y me da plena libertad para tomar decisiones a pesar del dolor que eso les supone y me consta , porque han sido 30 años de convivencia. Es cierto que todas somos necesarias pero nadie imprescindible, y lo experimento porque yo pensaba que mi salida iba a ser poco menos que un «caos» y veo que la comunidad -con un miembro menos- sigue adelante, sigue viviendo, sigue cumpliendo con los proyectos que había, etc…
    Confieso que tengo «envidia» de las mujeres con verdadera vocación y que viven la vida en plenitud; yo por el contrario he malvivido con media-vocación, pero tirando más o menos. La edad (49) es un problema: vivienda, trabajo, amistades…… Aunque en mi se cumple el refrán de que no hay mal que por bien no venga. Por razones de salud física la S. Social me ha concedido una paga que ayuda a ir saliendo.
    Centrandome en tu comentario, es cierto que otra hermana de comunidad tuvo muchos más problemas para salir porque le decían que eran «tentaciones del demonio», y sufrió mucho hasta conseguir la salida. Uffffff, perdona que haya sido tan extensa. Mariam

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