Cuesta de enero

Parece que este año mi personal “cuesta de enero” está siendo algo más empinada. Como el común de los mortales en algún momento del invierno, he acogido algún virus huérfano que se ha instalado en mí sin permiso previo y me tiene sin voz, durmiéndome por las esquinas, enganchada al paracetamol y andando como si fuera un astronauta en la superficie lunar y cada paso me costara un esfuerzo sobrehumano. Sí, ya lo habréis notado: ¡soy una enferma malísima!

Pero esta tontería que apenas me va a durar el fin de semana (como buena “trabajadora autónoma”… estoy convencida de que el lunes estoy “al pie del cañón”) es una medicina sanísima para hacerme “mascar” la fragilidad humana y su limitación. Un remedio estupendo para ponerme en la piel de quienes, por muchos motivos, tienen que aprender a vivir la pérdida de sus propias capacidades y hacer mía la impotencia de quienes de forma permanente (y no pasajera, como yo) no tienen voz en este mundo. Un recurso estupendo para recordarme que ya tenemos un Salvador… y el mundo va a seguir adelante conmigo o sin mí. Estupendo ponerse enferma de vez en cuando ¿verdad?

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2 respuestas a Cuesta de enero

  1. Mayte dijo:

    Ainsss, siempre te leo, me encanta y me inspiras, pero hoy…puaggg ni una bofetada me habría venido mejor creo yo. Será porque llevo una semana afónica, sin poder trabajar, sin baja tampoco porque el médico pasa de mí, sintiéndome culpable e impotente encima y sin saber qué hacer porque como bien dices el mundo sigue sin mí aunque no me guste.
    En fin que me ha llegado mucho y que ojalá me sirva para aprender la lección, aunque aún no tenga muy claro cual es ni si seré buena alumna.
    Un abrazo amiga y gracias

  2. Nélida dijo:

    Preciosa entrada.
    He tropezado hoy, por casualidad, con tu blog.
    Me gusta mucho, se respira paz, reflexión y cosas bonitas.

    Un saludo y recuperate pronto. Es bello vivir el virus desde tu perspectiva, pero mejor que se vaya pronto 🙂

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