«Cara de monja»

No nos engañemos, hay un “no-sé-qué” que nos delata aunque no llevemos hábito. No sé si es el “fondo de armario” tan poco a la última, el corte de pelo o las gafas, pero el reconocimiento mutuo resulta, con frecuencia, infalible. Eso me pasó el otro día en la estación de autobuses (lugar donde proliferan los religiosos como champiñones) con una hermana con la que compartí viaje desde Bilbao. Cuando comenté la coincidencia con mi familia, mi madre dijo que sí porque “tenía cara de no darse muchas alegrías”.

Y ¿qué queréis que os diga? Llevo unos días dándole vueltas a la frase. ¿Qué es lo que transmiten nuestros rostros? Cuando nos despistamos y nos quitamos la sonrisa profident que dedicamos a las visitas ¿qué gesto se nos queda? Ojalá sea la cara de serena pero desbordante alegría de quienes han encontrado un tesoro en su vida (Mt 13,44-45); O el gesto de comprensión de quien sabe que en todo y en todos reina la ambigüedad porque el trigo y la cizaña se han empeñado en crecer juntos (Mt 13,24-30); o el rostro confiado de quien se sabe en la Buenas Manos de aquél que cuida de los pájaros o los lirios (Mt 6,25-26)…

Y a ti ¿qué cara te gustaría tener?

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3 respuestas a «Cara de monja»

  1. Guadalupe dijo:

    ¡Qué risa me dio leer lo que dice tu madre! ¡Qué interesante constatar la sabiduría de nuestras madres, que no les viene de estudiar sino de la vida misma, la del sentido común, y cuánta luz nos da! Sí, es para ponerse a pensar.

    ¿Por qué será que a veces «tenemos cara de no darnos muchas alegrías»? Cuando en realidad, como bien dices, la alegría tendría que ser el sello de quien se ha encontrado con Jesucristo y además ha empeñado la vida entera en seguirle, en ser como él, un hombre feliz, de rostro sonriente, alegre, sereno, confiado.
    En esta respuesta hablo de lo que yo vivo. La mayoría de las veces no soy alegre porque pesa mucho mi «yo», no le dejo a Dios que me transforme, me encierro en mis esquemas y no me dejo contagiar de su alegría, la que nadie puede quitarme. Gracias, Ianire por recordarme que la alegría de ser de Él he de hacerla experiencia y así, sin quererlo, saldrá fuera.
    ¿Qué cara me gustaría tener? aquella que echa en falta tu madre y todos los que nos ven. Sor Guadalupe

  2. Mariam Mudarra dijo:

    Tienes unas reflexiones que parece que las coges de las mentes de la mayoría de las monjas, o religiosas, o como nos quieran llamar. Yo soy monja, porque «dicen» que las únicas «monjas» son las contemplativas, las demás «sois «religiosas», no sé explicarte la diferencia, imagino que vendrá por eso de moniales, monasterio, o no se qué… bueno el caso es que es cierto, a veces tenemos unas caras de «pepinillos en vinagre» como no hace mucho decía el Papa Francisco que se nos nota a dos leguas, y vaya, yo como llevo hábito, pues de cara a la galería tienes que tener la sonrisa profident, pero cuando estoy sola. me pregunto, ¿qué transmito? Gracias, por estar ahí. Mariam

  3. Rosa Maria Ocaña Ruska dijo:

    Acabo de entrar a tu enlace y mirando los títulos (no preguntes por qué..) me provocó abrir éste. Lo leí e inmediatamente se lo leí a Colibrí pues es algo en lo que muchas veces hemos pensado y de lo que hemos conversado, no solamente hablando de «monjas», claro.

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