¿Seguridad?

Tengo que confesar (aprovechando que el tiempo litúrgico motiva para ello) que hay pocas cosas que me provoquen tanta rabia y tanta indignación como pasar las medidas de “seguridad” del aeropuerto de Barajas.

Una eterna procesión de personas de toda edad descalzas, sujetándose los pantalones con una mano mientras en la otra sujetan como pueden una o dos bandejas cargadas con el ordenador, móvil, monedas, llaves, botas, abrigo… mientras con los pies empujan como pueden el equipaje de mano. Vamos haciendo nuestro “vía crucis” con estaciones y paradas, hasta que llega el momento de que, pasando por el arco, te pite no sabemos qué (¿los calcetines? ¿el aro del sujetador?) y te tengas que ver sometida a un sobeteo en toda regla como si acabaras de escapar de Alcatraz.

Me indigna la forma en que las personas nos vemos sometidas a un trato borreguil por el mero hecho de viajar a destinos “de alto riesgo” (como Almería, Vigo o Bilbao) con gran probabilidad de que nos concentremos en el avión un número alto de delincuentes buscados por la ley. Pero “todo sea por la seguridad”… Y yo me pregunto si la seguridad está reñida con el trato digno, con la humanidad y con la confianza básica en el ser humano, especialmente cuando se trata a las personas como si fueran asesinos convictos.

Y lo peor de todo es que estoy convencida de que algunos personajes de la vida pública, cuya moralidad y legalidad pongo bastante en duda (yo… y el sistema judicial) no se ven en esa procesión de almas en pena que peregrinan descalzas hacia la puerta de embarque. Demasiados de ellos tienen vuelos privados, tratos de favor y pase “vip”. “Poderoso caballero es don dinero”.

Sí, me confieso indignada por esto y por demasiadas cosas que leo cada día en los periódicos. Un homenaje a Stéphane Hesse.

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