Presencia oculta

Es muy curioso que en el texto hebreo del libro de Ester no aparezca el nombre de Dios ni una sola vez. Intencionalmente se evita la mención expresa de su Presencia en medio de una historia en la que resulta ser el protagonista escondido. Aunque, la verdad, no debería resultarnos tan curioso porque ésta es la forma habitual de actuar de Dios: sin aspavientos, en lo oculto, desde abajo y desde dentro, en lo cotidiano… en un trozo de pan y en un poco de vino.

Resulta paradójico que mañana celebremos la Presencia del Resucitado confesada precisamente en algo tan poco evidente como un trozo de pan que se parte, se reparte y se comparte. Ojalá de tanto adorarle y reconocerle en fe se nos vaya acostumbrando la mirada a reconocer su oculta presencia en lo cotidiano de nuestra vida: en el metro en hora punta y en los planes que se rompen, en el dolor y las búsquedas, en las pequeñas alegrías, en el IBEX 35 y la prima de riesgo… porque “Tú eres un Dios escondido” (Is 45,15)

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