El verdadero «Gran Hermano»

Esta mañana me han contado que hay un religioso en la enésima edición de El gran hermano. No voy a hablar de este tema porque supongo que ya se encargarán muchos otros blogs de opinar ampliamente sobre ello y porque, además, me niego a hacer publicidad indirecta a este tipo de programas. Pero la noticia me ha hecho pensar en qué dirían de nuestras comunidades religiosas si nos pudieran ver cómo vivimos lo cotidiano (“lo cotidiano”… no el mejor rostro que solemos mostrar, como el común de los mortales, cuando alguien viene de visita). Y, sinceramente, creo que dejaríamos el pabellón bien alto, no porque los religiosos y religiosas seamos “especiales” o gente de otra galaxia, sino porque en medio de nuestra “normalidad” (esa normalidad que incluye conflictos, rarezas, costumbres incuestionables… pero también cariño, cercanía, detalles, reconciliaciones…) a nada que tengas una chispa de fe, se intuye la Presencia de ese Gran Hermano… e Hijo que es Jesucristo. Eso sí, a “su estilo”: sin aspavientos ni cosas raras,  sino en la urdimbre de la vida cotidiana.

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