El chico de los periódicos

Esta semana algo ha pasado en la boca de metro que utilizo cada mañana. No me di cuenta el primer día, simplemente, y en contra de lo habitual, no estaba aún en la puerta el chico que reparte los periódicos gratuitos y un grupo de 8 ó 10 personas habían abandonado sus habituales carreras matutinas y esperaban, mientras miraban ansiosos la furgoneta que descargaba, con retraso, el “ansiado” noticiero gratuito.

No sé si el chico ha cambiado su horario de reparto, pero la escena se ha repetido a lo largo de la semana, a veces sin furgoneta pero cada vez con más personas a la espera de su dosis diaria de malas noticias.

Esta imagen se me ha venido a la cabeza y al corazón un par de veces pensando en este adviento y en el contraste de cómo esperamos, a pesar del frío y de las prisas, al repartidor de periódicos y lo que nos cuesta esperar con el corazón dispuesto a la Buena Noticia que nos sale al encuentro en la debilidad de un Niño.

Claro, que  igual la diferencia es porque, como decía Dietrich Bonhoeffer, lo gratuito de Dios no es Gracia barata sino Gracia cara. ¿Será por eso?

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