Me delatan mis compañías

Sin duda es así: me delatan mis compañías. Esta mañana amanecía en un hospital cuidando a una hermana y la mujer que ha entrado a limpiar el cuarto, al ver el libro que leía (no es precisamente un best seller de los que siembran el metro en hora punta) me ha «asaltado» cuestionándome sobre el motivo por el que la Iglesia no se enfrentaba contra «la fiesta de los demonios».

Confieso que me hubiera esperado cualquier otro reproche y que su oposición visceral a Halloween  me ha resultado simpática. No es que a mí me entusiasme la nueva moda de las calabazas y los disfraces de terror, pero no me ocupa ni me preocupa proporcionalmente a la insistencia con la que ella me reclamaba una respuesta, que ha sido un: «¡Hay tantas cosas por las que luchar…!»

 Sí, hay tanto que denunciar, tanto por lo que protestar que a veces se hace difícil decidir en qué batallas vale la pena combatir y en cuáles no.

Mis compañías me delatan… pero también me abren a conversaciones curiosas.

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