APRENDER A MIRAR…

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327168_2028551309238_1544239410_oEntre los muchos propósitos que pueden nacer en la cuaresma, quizá el primero sea pedir que aprendamos a tener la mirada limpia. O tener visión. O ver, reconocer y agradecer sin juzgar.

La escuela y la presencia en ella de los laicos y religiosos es un ámbito privilegiado para desarrollar la visión. Me atrevería a decir que lo están haciendo proféticamente, con mucho silencio y mucha esperanza. Están permitiendo que la persona se forme, crezca y madure desde la visión de Dios.

Me cuentan que hay un colegio que así trabaja y recrea esos valores de fe desde el respeto y acogida de la pluralidad que, como apunta el Papa Francisco, es signo del Espíritu. Pues parece que ese colegio vivió, no hace mucho, una visita pastoral. Todo preparado para contarle al pastor los esfuerzos y sueños; los retos y el gozo de atender a cada niño y su familia. Cuando llega el obispo, sin embargo, éste trae prisa, da por supuesto que el colegio tiene plan pastoral y no tiene tiempo para escuchar a cada evangelizador en su tarea. Eso sí, al pasar por un aula de primaria, repara en que hay pintado un arco iris y sin escuchar a la profesora, –que está enseñando cómo vivir enamorado de una creación maravillosa de Dios–, concluye que es un alegato a favor del colectivo gay.

Nada tan milagroso como un arco iris para explicar el paso de las nubes, la fuerza de la luz, o el triunfo de la vida. Nada tan inocente, humano y divino. Pero se convierte en nada, justamente, cuando no hay visión o no se quiere tener. Cuaresma bien puede ser, aprender a mirar, a mirar bien.