TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO

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El empleo del pasado nos puede llevar a error en este texto de Juan. Dice que Dios amó con un amor tan intenso al mundo (no solo a la humanidad) que entregó a su propio Hijo.

El amor siempre supone esta forma de donación, de darse. El Padre se está dando a sí mismo también en el Jesús. Es una entrega generosa que lo enriquece sin medida, porque la humanidad y la creación que salieron de sus manos ahora forman también parte de él con la encarnación. Pero también supone cierta pérdida de la intimidad del mismo Dios que no se guarda a sí mismo en una autocontemplación estéril. Dios es siendo para los demás, para todos y todo.

Pero decía que el empleo del tiempo pasado puede llevarnos a engaño, ya que Dios sigue dándose hoy con el mismo empeño y radicalidad. La salvación está presente y actuante más allá del paso de Jesús por nuestra historia hace unos cuantos siglos. Sigue siendo tan verdad y real en este tiempo de Espíritu.

Pero lo es de una manera distinta (siempre es diversa) a lo que fue. Hoy siguen resonando las palabras y las acciones del Hijo en el cotidiano de una manera multiforme: siempre abierta como sus parábolas pero con esa preferencia por los que menos cuentan, por los que siguen buscando una señal que se eleva para traernos al corazón de unas nuevas relaciones que también son entrega y donación, como las del Padre con el Hijo.

Tanto amor que se sigue derramando y entregando en nosotros para que salgamos y nos regalemos y nos vayamos deshaciendo para rehacernos en la carne transfigurada del amor concreto.

Feliz camino hacia la Pascua ya cercana.