NECESITAMOS VIVIR LO GLOBAL EN LO LOCAL Y LO LOCAL EN LO GLOBAL

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(Montserrat del Pozo. Sup. Gral. M. HH. de la Sagrada Familia de Nazaret).La vida consagrada, precisamente porque es vida, no es, no puede ser estática, bien asida de la mano de Dios y presente en el mundo, avanza sometida a las diferentes  fuerzas de cambio que actúan en la sociedad donde se desarrolla, y que la  llaman a transformarse, a asumir los cambios que le permiten ser profética y significativa en cada momento de su historia. Porque la vida no se repite, hoy nos encontramos en un tiempo nuevo, un kairós, que pide nuevas respuestas. Aunque son muchas y muy diversas las congregaciones actuales en la Iglesia, al pensar en las que tenemos menos de 300 miembros creo que debemos encontrar la manera de ser muy ágiles tanto en nuestros gobiernos, como en nuestras relaciones y en la toma de decisiones.

En la Iglesia y en la vida consagrada se ha hablado mucho de cambio, de reorganización, a mí hoy me gustaría subrayar una transformación que veo necesaria y me parece urgente. Precisamente porque la vida no se para, y la vida la llevan adelante las personas, considero muy importante  la comunidad local y un superior, una superiora, que sea verdadero líder de su comunidad.

Me dirán que no es ninguna novedad, sin embargo creo importante hacer referencia a un matiz que me parece subrayable y no siempre presente. El superior local debe liderar una comunidad para una misión apostólica, esta es su principal función. La misión del superior es su propia comunidad. Y como la comunidad local está formada por personas muy concretas y la misión se desarrolla desde y para las personas, el superior de una comunidad local debe ejercer su liderazgo a partir de un contacto directo, de un encuentro real y diario con cada uno de los miembros de su comunidad.  Y de igual manera que es fundamental el liderazgo cooperativo ejercido por cada superior local con y en su comunidad, de igual modo es básico y urgente que cada superior local mantenga un encuentro directo con el superior general, sin cargos  intermedios. El superior general debe gobernar con sus superiores locales. La creación de vínculos de proximidad es hoy importante y necesaria en la vida religiosa.

No olvidemos que en cada comunidad local está presente toda la congregación. Y la misión, discernida por la comunidad local,  se lleva a cabo dando respuesta a las necesidades de cada lugar.  Por tanto, el cuidado personal de cada una de las personas para el servicio apostólico, la capacidad de empoderar a la comunidad para la toma de decisiones y vivir en la comunidad el “todo” de la congregación considero que son desafíos para los superiores (local y general) y un reto para la vida religiosa hoy.