Espiritualidad que beba de la vida de los humildes
Ignacio Madera, Salvatoriano (Vr, 10, vol 123).La vida religiosa para hacerse accesible y próxima a los jóvenes de hoy está retada a tomar con entusiasmo, sean cuales sean sus promedios de edad y su número de integrantes, a decidirse por tomar en serio vivir prendida al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y al universo de los pobres y excluidos de todos los mundos. Urgida a vivir la fe como la viven los favoritos del Reino, a rezar como ellos, a reflexionar la Palabra como ellos lo hacen, con confianza, con transparencia, con limpieza, con sencillez, sin rigideces y tradiciones inmutables, ligera de equipaje y capaz de vivir la imprevisibilidad como realidad fundamental de la complejidad del momento que vivimos.
Una vida religiosa que asume los retos que plantean las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y posibilita que las juventudes desarrollen la creatividad y les impulse a fascinarse creativamente por formas nuevas de evangelización y nuevos compromisos con la misión, desde las periferias existenciales de la humanidad adolorida.
Al desarrollar una espiritualidad que beba de la vida de los humildes, que como ellos crea que Dios siempre estará allí, en la lucha, en el sinsentido, en el dolor y las tragedias, en la alegría y en la fiesta. Desde allí, resucitará a inéditas posibilidades de significación y luz, más allá de permanencias institucionales y de sistemas duros, apasionada e incontenible por un mundo según el sueño de Dios Madre y Padre