Al final…

Este refrán castellano refrenda la apreciación de Jesús sobre unos galileos que acabaron mal; parece ser que asesinados por Pilato.

Los que se acercan al Maestro -como nos ocurre a muchos de nosotros- quieren saber si el final trágico fue un castigo de Dios. ¡Señor, qué paciencia!

Jesús pone el ejemplo de la higuera para que cada uno de ellos se dé cuenta de cómo están viviendo: si dan el fruto que les corresponde o se están quedando con los nutrientes para satisfacerse a sí mismos. La higuera si no da higos no sirve para lo que fue pensada. Pierde su ser y su fruto. Y al final, si la cortan no cometerán ninguna injusticia.

Después de muchos siglos seguimos sentenciando a quien aparece en el último fotograma de la película. El malo de la historia será el que ejecute el último acto; independientemente si el que sufre la acción ha sido un corrupto, un asesino, un impío. La “culpa” es de quien pone el castigo final y no del que vive deshonestamente. Así, el que suspende es el maestro, el que condena es el juez, el que mata es el cirujano, y el que castiga es Dios.

Revisémonos. ¿Estamos dando los frutos que Dios nos pide? ¿No nos estaremos mirando el ombligo y quedándonos con los bienes? No sé si en la Vida Religiosa de Europa nos estaremos cuidando demasiado, retrasando la misión y viviendo en la queja. No damos hijos -perdón higos- y claro, al final el malo de la película será Dios…  que nos corta o poda.

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¿Montaña o desierto?

mystery_mountain_by_buzzzzzSi la Cuaresma es un camino, hay que transitar por diferentes espacios y aprender de cada situación.

Jesús va al desierto sólo y a la montaña con “Pedro, Juan y a Santiago”. Es cierto, que al desierto, al calor y frío extremos, a la escasez, no se invita a nadie y que a escalar y a hacer una cordada, sí. Por eso invita a tres de sus discípulos a orar con él en lo alto del monte y allí mientras “oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban” con la luz de Dios, trasparentando el misterio de su persona. Si en el desierto se reveló como hombre, ahora va a ser como Hijo de Dios. Y si entre la arena aparece el diablo, entre las nubes aparece el Padre.

Como testigos del cielo “Moisés y Elías, hablando de su muerte en Jerusalén”. Como testigo de la tierra “Pedro y sus compañeros que se caían de sueño”. Ahí está el contraste entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo humano. Lo cierto es que en esta vida hay cosas que uno tiene que afrontar por sí mismo. Y es necesario el Tabor para afrontar los desiertos, la cruces, las enfermedades, los sinsabores y todo aquello que consideramos injusto. Podemos estar rodeados de gente y sentir la soledad más absoluta. ¡Que lo testimonien algunos religiosos!

Dios nos sigue invitando a subir a la montaña y nos sigue recordando que: «Éste es mi Hijo, el escogido», especialmente cuando presenciamos el juicio a manos de los cercanos, la condena de boca de los lejanos y el patíbulo de la cruz preparado por las gentes. Momento de gloria para que no dudemos de la divinidad de Jesús ni de la humanidad del Padre cuando nos suceda algo parecido. Momento de desierto cuando nos veamos tentados y perdidos y sin saber hacia dónde tirar.

En estos días se nos invita -como el Maestro- a tomar la propia cruz y afrontar lo que venga, lo que sea: riesgo -como Abrahán-  o testimonio -como Pablo-. Pasando del desierto a la montaña.

 

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Otra vez

cuaresmaOtra vez Cuaresma. A ver cómo hago entender a los chavales lo del camino hacia la Pascua, el tiempo de preparación, el viacrucis, el color morado y los hitos de la limosna, la oración y el ayuno…

Les importa “cero” y a mí me cuesta un “montón”. ¿Por? Pues, porque no van a golpe de liturgia ni les interesan las verdades aprendidas. No sé. Buscaré una app que hable de los cuarenta días en el desierto, de Israel y del Jordán. Entro en el play store y aparecen varias, ¡gratis! Tras la fachada novedosa e intuitiva, persisten los mismos lenguajes que se usaban conmigo, de joven, y no entendía. Creo que si les hago descargársela les va a parecer la descripción de composición del planeta Marte un viernes por la tarde.

Les pregunto qué es eso de la Cuaresma. Silencio. Otra vez. Uno dice que es “cuando no comemos carne los viernes” -se lo ha dicho su abuela-, otra que cuando nos echan las cenizas en la cabeza y varios que lo del carnaval. ¡Tela! Y son niños que -en primaria- se sabían de memoria los días, colores y signos del tiempo de cambio y conversión.

Su mundo es tan cerrado y corto… ¿o es el mío? Jesús buscó modos y maneras para atraer a la gente a las cosas del Padre. Y seguro que sabían de judaísmo lo mismo que mis alumnos del catecismo. Pero lo vivía…

Bueno, haré un acto de humildad. Les preguntaré cómo están, cuánto tiempo hace que no se paran a pensar en su vida, a perdonar una ofensa, a dar un beso a sus padres, a rezar un ratito… Y qué personas y cosas les incitan a no ser ellos mismos y a vivir a lo loco. Y ahí situar lo de las “tentaciones”. Depende de por dónde salgan, pediré al Espíritu que dé orden a esas respuestas. Y que ellos sitúen todo eso dentro de unos días del año. A ver si les salen cuarenta. Que al menos estén dentro de lo que celebramos antes de la Pascua.

Y no sé, quizá lo conecte con las procesiones de Semana Santa. Que tienen poco o nada que ver con la Cuaresma y la liturgia, pero es lo que conocen, lo que les cuestiona, lo que les llega. Y les invite a preguntar en casa qué es eso del viacrucis o la abstinencia o las confesiones de Cuaresma. Y que me lo cuenten a mí, como si no supiera nada… como si fuera un alumno de secundaria.

Por eso no voy a caer en la tentación de enfadarme o darlos por perdidos. Y menos en las tentaciones finas y confesables de creer que conmigo lo van a aprender todo, que van a hacer trabajos que les sirvan para la vida y que eso les lleve al compromiso. ¡Ay Señor! DAme la paciencia que gastas conmigo. A ver si entro yo en el significado profundo de mi Cuaresma, otra vez…

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¿Por qué no te callas?

clarity-of-silenceEsta es la expresión con la que Juan Carlos I -rey entonces- cortaba la intervención de un dignatario venezolano. Y lo hacía porque lo que salía de su boca eran insultos y recriminaciones.

En cuántos momentos no tenemos ganas de usar esa expresión para callar la boca de quien no hace más que mostrar la frustración que lleva dentro. El libro del Eclesiástico, con una sabiduría a prueba de siglos, asegura que “las palabras revelan el corazón de la persona”. Lo que nos lleva a observarnos, a escucharnos y a reconocernos. Cuando expresamos sentimientos volcamos lo que llevamos en el corazón y, aunque lo deseamos, no siempre son palabras de alabanza o de bien.

Jesús se conocía y sabía que “la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal”. Quizá porque estaba ya cansado de las palabras de condena y de malaventuranza que pronunciaban los religiosos del momento: fariseos, sacerdotes, escribas… De los dominadores y políticos no dice nada porque los obvia. Cuando se encuentre con Pilato dirá pocas cosas y cuando lo lleven ante Herodes no dirá nada. ¿Para qué?

Pues eso, ¿para qué? Este mundo nuestro vive las relaciones humanas desde la epidermis y aguanta poco la profundidad. Quizá por eso, las palabras que escuchamos son de acusación política, denuncia social, queja vecinal, crítica grupal y sospecha familiar. Y ocurre como con el chiste aquel que asegura que, del grupo de amigas, la que va al baño ya sabe que va a ser criticada. O de aquel otro grupo de amigos que sabe que el que hable va a pagar la ronda por torpe.

Aquilatar lo que vamos a decir es un arte al que nos invita el Maestro Jesús. Y para ello nos aconseja cultivar el corazón. Porque gente buena -buenos árboles- somos todos, pero no siempre nos alimentamos como debemos y damos los frutos que sabemos.

Nuestras palabras han de iluminar a los que comparten con nosotros la vida; palabras de esas que sugieren y alientan. Palabras llenas de carne, de chicha, de profundidad. De esas que se echan en falta y que se necesitan.

La sorpresa vendrá cuando un día oigamos: por favor, no te calles, regálanos palabras.

 

 

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¡Un poco tonto!

perdono-lunedi¡Qué bonito este evangelio para escucharlo en la Iglesia!

Todas estas recomendaciones del Maestro tienen de fondo la idea de renunciar a nuestro derecho de venganza cuando se nos ha infligido una injusticia.

En este momento de la historia, cuando hemos ganado tanto en derechos sociales, aparece como un consejo pío y descarnado. Pero, reconozcámoslo, nunca se ha asumido con naturalidad. Los saduceos -que observaban a Jesús- pensaban que sus palabras valían para entretener abuelitas o entusiasmar a débiles. Bueno, Nietzsche -siglos después- se rebeló varias veces contra estos consejos por abocar a la humidad -según él- a la humillación.

Ya. Supongo que habrá pocos que -tras una larga vida- no se habrán dado cuenta de que sólo “quien se humilla es ensalzado”. Porque tras un ir y venir por la vida, con la soberbia bajo el brazo y la humillación del otro en la boca, acabamos envenenados y solos. La humildad es recogida en muchos paralelos evangélicos (Cf. Mt 23, 12; Lc 14, 11; Lc 18,14) por ser la actitud de María (Cf. Lc 1, 51-52) que Jesús aprendió y usó hasta el final (Cf. Lc 23, 34). La verdad es que “muy bien” no le fue. Sin hacer “spoiler” de la historia por cruz o muerte, hemos de reconocer que ese fue el modo humano, pacífico y no violento de estar el Hijo de Dios entre nosotros. Y quien se arriesga a vivirlo se ha de sentir Bienaventurado” cuando le aborrezcan, le releguen, le insulten y desprecien por ser de los de Jesús (Cf. Lc 6, 22-23).

¡Vamos un poco tonto! Porque lo de poner la otra mejilla cuando te pegan, no denunciar al que te roba y responder de buenas maneras es una “no respuesta”. Hoy en día es una “no violencia” presentada por Gandhi y olvidada en el proceder de Jesús.

El hecho es que educar en la venganza no lleva a buen puerto la vida de nadie. Pero hay que intentarlo pues la ley del Talión es tan connatural que mantiene a gran parte de la humanidad en niveles de prehistoria. Tú, ¡haz el intento! Cuenta la historia de David y cómo no se vengó de Saúl cuando lo tenía “a huevo”. Coméntalo con un grupo de jóvenes -de los que se sientan en un banco del parque- y comprueba cómo se mofan del proceder.

Las palabras de Jesús nos hacen pasar de las tripas al corazón, de la experiencia de herida al dolor de corazón. Por eso afirma: “Sabéis que está mandado, pues yo os digo”, que es posible renunciar a mi derecho a ser pagado y salir de la espiral de violencia. Todos -de una forma u otra- tenemos experiencia de ruptura, de frustración y de engaño y nos violenta el pensar en amar “a nuestros enemigos, hacer el bien a los que nos aborrecen y rezar por los que nos persiguen y calumnian”.

Lo hagamos o no, lo vivamos en la comunidad, en la familia o en la calle no va a cambiar el color del día. Dios “que está en el cielo, hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos”. Pero lo que sí es cierto es que en mí no dejo lugar a la comparación y doy paso al agradecimiento pues Dios no me responde con la misma moneda con la que yo le pago. Una opción por ser “imagen de la humanidad celestial” aquí, ahora, contigo, como Él. ¡Un poco tonto!

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Bregando y con gracia

pescadores-hombres“Toda la noche la hemos pasando bregando” -¿Y?- Pues poco o nada.

Este fragmento del evangelio de Lucas provoca hilaridad tras tantos siglos de invitaciones del Maestro. A veces me siento inmerso en una vorágine de trabajo que se justifica por los esfuerzos invertidos y por las estrategias utilizadas. Pero todos son “de noche”. Y en la noche, los discípulos pescan poco o nada. Necesitan la claridad de las palabras de Jesús y la dirección de su mirada para que su trabajo obtenga otros peces, otras cantidades, en otras latitudes y longitudes.

En la mañana, mientras Jesús predica a una muchedumbre, unos pescadores atracan. Llegan a puerto y hacen recuento de lo pescado. La verdad; muy poco para el tiempo invertido, y se disponen a recoger las redes de la faena. Se da un contraste entre la cantidad de gente que escucha y la escasez de pescado que se trae. Y eso provoca un cambio: en Jesús, que necesita de manos y en los pescadores, que precisan impulso. La mañana de la resurrección ocurrirá algo parecido. La noche impide sacar algo del lago mientras que la madrugada provoca el milagro: “Es Jesús” y “echad la red de nuevo”.

Pues no aprendo. Vuelvo a salir de noche poniendo fuerza de voluntad y multitud de medios. Y doy vueltas y vueltas en la cama porque me cuesta confiar en que el amanecer hará todo más sencillo y de otra manera. Y es que la gracia posee un no sé qué de riesgo y de variabilidad que no me cuadra en la costumbre.

Y sigo proponiendo los mismos objetivos vocacionales y buscando donde hay pesca. Me apunto a cursos y métodos que rastrean en las noches pensando que los números cantan en las redes de quienes los promocionan. Pero sigo en la noche.

Y a eso añado el mismo pecado que Pedro -por el que pide perdón-: no “dar su brazo a torcer”, por reconocer que sus modos no son los de Dios y sus deseos los del reino. El milagro ha propiciado su sorpresa. ¡Pues me faltan luz y milagro! Porque no me arriesgo a hacer las cosas de otra forma, en otros lugares y a otros tiempos. Y me canso y nos cansamos. Y pesco y pescamos lo que se ve en las redes: poco o nada para tanto faenado. Y pierdo el humor y gracia que se me regala.

¿Y si escucho y lo dejo todo? ¿Cómo nos iría?

 

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Y tú, ¿de qué vas?

hoy-diaTodos nacemos dentro de una Tradición y en ella aprendemos, sintetizamos e imprimimos nuestro estilo.

Jesús participaba, como judío, en la vida de la sinagoga. Y aquel día -en el pueblo donde se había criado- comprende y dice lo que se le pide.

Tras tantos siglos de profecía, Ley y Palabra, tuvo Dios que enviar a su Hijo al mundo para romper la cáscara de la Ley. Una Ley que se había anquilosado y que favorecía el descarte de los insignificantes. Por eso, al abrir el rollo de Isaías, Jesús descubre que el Mesías viene como buena noticia para esos: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos.

Tras tantos siglos cae en la cuenta de que ese Mesías es él. Y lo dice en alto: “hoy se cumple esta Palabra”. Con esa expresión comienza un tiempo nuevo; el reinado de Dios que parte de los últimos para llegar a todos. Con esa afirmación se inicia la persecución del maestro de Galilea.

Dios conoce nuestro corazón y la intención con la que obramos. Todos los bautizados tenemos el Espíritu y somos enviados por Dios. Cada uno desde su limitación y sus capacidades, todos invitados a salir de la propia vida y entregarse a los que son y tienen menos. Cuando se hace realidad acontence la “gracia” y se manifiesta la “misericordia”. Y no puede quedarse en escritos, cantos, homilías o logotipos…

Dios recibe agradecimiento cuando caemos en la cuenta de lo que obra en nuestra pequeñez. Dios recibe gloria cuando releemos el Bautismo y nos ponemos a trabajar. Dios sonríe cuando, valientemente, nos levantamos, tomamos las Escrituras y decimos  “aquí estoy”. 

Y ante tamaña temeridad escuchamos por un lado el susurro: “hoy se cumple en ti” y, por otro las protestas de los que creen conocernos: Pero éste, ¿de qué va? ¡Vamos, como Jesús!

 

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Con unos vinos

8715655Jesús se hizo presente -como Mesías- con unos vinos.

No lo hizo en el Templo, ni en la sinagoga, ni en una reunión de grupo sino en una boda. Y dentro de ella, en el convite. En esa situación en la que nos extraña ver a un cura, a un fraile o una religiosa cenando o bailando. ¡Vamos, alternando!

La situación no se busca premeditadamente sino que se aprovecha. Ahí, la perspicaz es María; la madre. Ella -la invitada a la boda- propicia que su hijo se lleve a unos jóvenes que llevan unos días con él. Habían venido de parte de Juan y necesitaban comprobar que Jesús era el verdadero Mesías. Y, ahora, se preguntan si merecía la pena estar con aquel galileo que se los llevaba de fiesta.

El evangelio de Juan destaca la carencia de vino en la boda; del elemento que anima el convite, la charla animada y las danzas judías. Faltaba alegría y gozo en aquella sociedad judía abocada a lavarse y purificarse. Faltaba entusiasmo a unas gentes que se preparaban a la llegada de un Dios que no reconocían. Eso sí, abundaba el agua. Cientos y cientos de litros de agua y de normas que no desembocaban en la alabanza ni el gozo. Ahí es donde María aprovecha la ocasión y sitúa a su hijo en el centro de la historia de todos ellos. Ahí es donde Jesús se fuerza a iniciar la manifestación de su poder: “Llenad las tinajas de agua… y, después sacad un poco  para que lo pruebe el metre”.

Y así comenzó todo: los signos, la gloria y la fe. Un motivo para transformar nuestra queja – no nos queda vino-, en el milagro. Una manera de salir de nuestra corta manera de ver y entrar en la largueza de la mirada de Dios.

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Servir al ritmo de bulería

DSC_0174Regentar un cargo en la Iglesia es una “gaita”. Lo es. Ser elegido por los hermanos para servir le hace a uno pasar por todas las acepciones que, la Real Academia de la Lengua, dice de la palabra.

Un capítulo electivo es el escenario donde la gaita suena como “instrumento musical de viento” para pronunciar el nombre del religioso o de la hermana que han de representar al resto durante un periodo de tiempo. Y, al estilo de las obras de teatro, el elegido tiene que acoger lo que viene, mirar quién le sostiene y lanzarse a la aventura. E interpretar la obra del evangelio como el Maestro con sus discípulos acompañado de un son gregoriano.

En la iglesia de hoy, ponerse al frente de una Congregación religiosa puede parecer “cosa fastidiosa, pesada y molesta” como reza el segundo significado de la palabra. Y es que acompañar el desarrollo del organismo religioso, vivo y heterogéneo, es acoger la cruz y la gloria de cada continente.

Para nuestra sociedad, eso de estar en el gobierno de una Orden es poco menos que una “tontería o cosa sin importancia”, tal y como la RAE expone en su tercera acepción. Posiblemente por nuestra escasa repercusión social, por la falta de poder mediático y porque lo nuestro se va gestando en lo humilde y pequeño.

Fran, nuestro Fran, ha sido elegido para el servicio y acompañamiento de sus hermanos. Para él la vida religiosa es una sintonía de Evangelio y un reto comunitario. Para él, este paso es un cambio de vida y una apuesta de fraternidad. Para él, servir y representar no es ninguna gaita.

Son muchos los momentos vividos animando la Vida Consagrada. Muchas experiencias en las que su gracejo, su perspicacia y su intuición ayudan -a quien se deja y fía- a vivir sin gaitas. Y como Dios capacita a quien elige creo que -en este caso- cambia de instrumento para acompañar y animar con ritmo andaluz y gracejo “granaino”.

No se tiene constancia de que Jesús, el Redentor, pasara por Chimeneas. Lo que sí sabemos es que no pone ningún “pero” a quien está a su servicio y acompaña a los hermanos. Por eso, detentar hoy un cargo en la Iglesia ha de probar el ritmo de la bulería y dejarse de gaitas.

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Magos disfrazados

112966027En un chiste del WhatsApp se retiene, a manos de la Guardia Civil, a tres sujetos montados en camellos que dicen buscar a un recién nacido, siguiendo una estrella fugaz, en plena noche, cargando oro y otras sustancias. El agente de tráfico, claro, les invitaba a descender y hacer la prueba del alcohol.

Gracioso o no, lo de las cabalgatas de Reyes se ha convertido en verdaderas caravanas de empresas y asociaciones que quieren mostrar lo que son. Y no sólo empresas… Son expresión de lo que somos y vivimos en cada momento.

El evangelio de Mateo nos refiere que Herodes -gobernante absoluto de turno-  quita de en medio a todo aquel que pueda poner en peligro su estatus; fueran Magos o no. El rival de Herodes será un niño pequeño e insignificante. Y es que el poder adquiere miedos inconfesables e irracionales convirtiendo a las gentes en opositores o extremistas.

El asunto se actualiza cada año. Si el año anterior provocaba ideológicamente el hecho de que los tres Magos fueran varones, en éste la mirada se ha detenido para mirar al mar. De él no vienen caravanas de espumillón sino pateras a la deriva llenas de hijos de Dios llenos de ilusión y agotados de vida. Y allende los mares en riadas de familias que huyen de la persecución política y del hambre social.

Mientras tanto los Magos han de disfrazarse cada año de realidad, para ponernos sobre aviso dónde nace Dios, dónde quiere estar, dónde le dejan vivir.

 

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