Tú eres siempre Jesús:

En la quietud atenta de la escucha, me alcanza tu pregunta: _ ¿Quién soy yo para ti?

Y te llamo Jesús, palabra que me sabe a Dios y a salvación. En tu pequeñez se refugia la mía. En tu cruz se hace ligera la de todos tus hermanos. A tus pies se serenan los latidos del corazón inquieto. Y aunque no sepa si es amor o egoísmo quien en mí va diciendo Jesús, aunque no sepa si ese nombre se arraiga en la mucha fe o en la poca, sé que enciende una luz en mi noche, sé que deja tu mano en mi mano, sé que me deja grabado en tu corazón, sé que me deja como sello en tu brazo.

Pero la pregunta se repite como un eco: _ ¿Quién soy yo para ti?

Entonces busco otros nombres en la memoria entrañable de la fe: Y te me vuelves pastor, de amores tan loco, que da la vida por sus ovejas; y también puerta por la que entran y salen confiadamente las que te conocen. La fe me recuerda que eres luz que irrumpe en mis ojos ciegos y deja que me asome al misterio de lo que hay dentro de mí, a la belleza de lo que hay dentro de ti, al enigma del mundo que se me ha dado para que lo cultivase. La fe me recuerda que sólo tú eres la resurrección y la vida, y que, en conocerte a ti y al Padre, está para todos la vida eterna.  La fe me recuerda que tú eres la fuente misteriosa que Dios ha dado a los sedientos, para que apaguemos nuestra sed en agua viva. La fe me recuerda que eres pan del cielo para el camino de los pobres, un pan que es sacramento de tu vida entregada, de tu amor sin medida…

Y vuelve tu pregunta como una espada: _ ¿Quién soy yo para ti? Que es como decirme: Continúa buscando, no dejes de preguntar…

Y le pregunté al padrenuestro, y me dijo que tú eras el cielo que espero, que tú eras el reino de Dios que viene al corazón de los pobres, que tú eras el hijo de Dios, el amado, el predilecto, el que entrando en el mundo dijo: “he aquí que vengo para hacer tu voluntad”, el que cansado del camino y sediento dijo: “mi alimento es hacer lo voluntad del que me ha enviado”. Tú eres nuestro pan de cada día y el pan de nuestra eternidad; tú eres el perdón de mis pecados y la gracia del perdón con que me perdono en los demás. Para mí tú eres fuerza, libertad, esperanza y quietud.

Pero en las paredes de mi intimidad, sin que me cause tristeza, no deja de resonar tu pregunta: _ ¿Quién soy yo para ti?, que es algo así como si me preguntases por el amor: _ ¿Me amas?

Entonces dejé de buscarte dentro para buscarte cerca, lo más cerca posible de mí. Y te dije: tú eres el hermano, la hermana, con los que convivo; tú eres el hijo que no hemos dejado vivir porque nos faltó fe; tú eres la madre que no aprendió a serlo porque le faltó esperanza; tú eres el refugiado que nadie acoge, el herido que nadie cura, el excluido que a nadie importa, el emigrante que todos pintan como una amenaza. Tú eres un hambriento en todos los hambrientos, en sediento en todos los sedientos, un desecho en todos los desechos que yacen echados a las puertas de nuestras casas…

Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que para mí eres siempre Jesús.

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