Tú, con Cristo, luz en las tinieblas:

Un día nos bautizaron para que fuésemos de Cristo, y hoy, escuchando en la comunidad de fe su palabra, buscamos aprenderlo a él, y recibiéndolo en comunión, buscamos ser transformados en él.

Cuando en el misterio del bautismo nos hemos encontrado con el Señor, se cumplió para nosotros lo que había anunciado el profeta: “El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande”. Hoy, que nos encontramos con Cristo en el misterio de la eucaristía, vivimos en el sacramento lo que se nos ha proclamado en el evangelio: “A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

Le he pedido a la “oración franciscana por la paz”, que me ayude a nombrar lo que representan esas sombras en las que habito, y lo que es esa luz que llega para iluminarme. Sombras y luz: Odio y amor, ofensa y perdón, discordia y unión, error y verdad, duda y fe, desesperación y esperanza, tristeza y alegría.

Mientras voy diciendo: “Donde haya tinieblas, ponga yo luz”, el corazón va diciendo: Yo quiero que en las esas tinieblas brille Cristo Jesús. Y si lo que pido llevar a la oscuridad de la noche es paz, amor, perdón, unión, verdad, fe, esperanza o alegría, el corazón no deja de ver en el secreto de cada uno de esos nombres el rostro amado de Cristo Jesús.

Cuando te acerques a comulgar, deja que las palabras del evangelio te ayuden a entrar en el misterio: “A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Esas palabras se dicen de ti, pues hoy recibes en ti al que es tu luz.

Y cuando, en comunión con Cristo y con los hermanos, dejes la celebración y vuelvas a lo cotidiano de tu vida, que también tú seas luz para los pobres de paz, de justicia y de pan.

Feliz domingo.

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