“Mi alma está sedienta de ti” – “Tengo sed”

“La sabiduría”, “el esposo”, “mi Dios”: tres nombres distintos para un único amor; tres nombres para un amor que se llama Cristo Jesús.

Si hemos dicho “amor”, hemos dicho pasión, hemos dicho deseo, hemos dicho búsqueda.

Si hemos dicho “amor”, hemos dicho “corazón en vela” aun cuando durmamos: dormidos o en vela, el alma se nos va tras el amado.

Si hemos dicho “amor”, hemos dicho hambre y sed de Cristo Jesús, hambre y sed de la sabiduría, hambre y sed de la presencia del amado.

Madrugarás, Iglesia esposa, madrugarás desvelada por perderte en el abrazo de tu Señor, por la dicha de encontrar al amor de tu alma, y lo encontrarás “sentado a tu puerta”, pues desde siempre está allí desvelado el que siempre te ha amado, el que desde siempre espera que salgas de ti misma y le abras la puerta.

Madrugarás por Cristo Jesús: por el esposo, por la Palabra de Dios hecha carne, por tu Dios.

Madrugarás, porque el deseo se te ha clavado dolorosamente en el cuerpo como se clavan en él la sed y el hambre.

“Mi alma está sedienta de ti, Dios mío”.

Sólo esa sed mantiene vivo el recuerdo de lo que anhelas, sólo la sed de Dios te mantendrá despierta, sólo esa sed hará que estés en vela y preparada para la llegada del esposo.

Porque tienes sed de Dios, buscas escuchar su palabra, como busca la cierva corrientes de agua.

Porque has sido herida de amor,  buscas la comunión con Cristo Jesús.

La sed de Dios te llevará entre los pobres, porque en ellos tienes la certeza de abrazar y cuidar el cuerpo de tu amado.

Allí, en la palabra, en la eucaristía, en los pobres, entrarás en el banquete de bodas de tu Señor. Allí lo contemplarás, allí lo bendecirás, allí te saciarás.

Y nunca se apagará tu sed de amar.

 

“Tengo sed”:

La necesidad, mi necesidad, tu necesidad, Iglesia en vela, es animal sediento que clama por el amor y el bien que es Dios: El sumo bien, el todo bien, el todo amor.

Pero también clama el bien, también clama el amor, también Dios es un clamor: “¡Tengo sed!”

Dios sediento, Dios mendigo, Dios a tu puerta llamando.

La fuente que mana eterna, va mendigando esta tierra nuestra para llenarla de vida.

El pan de los ángeles anda en busca de tu hambre de justicia.

La luz de Dios corteja la oscura soledad de tus noches.

El amor tiene sed de ti.

Escucha, contempla, bendice, comulga, sáciate…

Es domingo, y Dios es el todo bien para ti. Entra con él al banquete de bodas.

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