La cucharilla… y ser signo escatológico

Cada vez que voy a una Casa de Espiritualidad y, al entrar al comedor, veo una cucharilla en mi lugar de la mesa, me lleno de alegría. Ese cubierto se me convierte en la señal inequívoca de que, al final de la comida, me espera un postre dulce. Puede parecer una tontería, pero el efecto que tiene sobre mí este utensilio tendría que ser lo que generara la Vida Consagrada a su alrededor.

Si la condición de signo escatológico es característica de esta vocación cristiana es porque, al vernos, tendríamos que provocar el gozo de mostrar que lo mejor está siempre por venir. Nuestro modo de vivir, de interpretar los acontecimientos y de situarnos ante la realidad tendría que gritar sin palabras que el final es dulce. Por más que las circunstancias parezcan negarlo y animen más al pesimismo que a la esperanza, nuestra existencia debería recordar que la última palabra sobre la historia la tiene la Palabra… y siempre es una Palabra de Amor y Vida. Estamos llamados a ser como esa cucharilla sobre la mesa ¿no es un reto precioso?

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5 respuestas a La cucharilla… y ser signo escatológico

  1. María José Mompó Merino dijo:

    Sí, es un reto precioso. ¡Me encanta!
    Gracias por la reflexión.

  2. Maeía José MOMPÓ Merino dijo:

    ¡Sí, es un reto precioso! ¡Me encanta!
    Gracias por tu reflexión… siempre tan ingeniosa, sabia y sencilla a la vez.

  3. Mª José Mompó Merino dijo:

    ¡Sííí, estupendo reto! ¡Me encanta! Gracias por tu reflexión siempre sabia y a la vez, sencilla.

  4. Nuria dijo:

    Gracias…el paladar del corazón (=sensibilidad) se enamora de la dulzura de la vida =(amor). Ojalá llevemos escrita en nuestra vida la Palabra que en dulce cada existencia con la que nos encontremos. Gracias por ser cucharilla…y por la invitación a serlo

  5. Ma. Guadalupe Reynoso Arenas dijo:

    Ciertamente, Ianire, qué hermosa misión, los consagrados tendríamos que recordar a todos que estamos en las manos de Dios, aún cuando las dificultades nos agobien. Gracias por tan profunda mirada a la que me invitas

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