VOLVERÁ, DE OTRA MANERA

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Es el momento de reaccionar, de considerar dónde estábamos y lo que se ha perdido.

No hacerlo es situarnos en una suerte de fatalismo, de datos y estadísticas, de muertes y recuperaciones, que informan pero no educan. Y en esa reflexión –que nos hacemos por las noches- reconocer que lo que viene será más fraterno, más sencillo, más misericordioso…

El profeta Oseas –estos días- nos decía: volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir; viviremos en su presencia y  comprenderemos” (Cf. Oseas 6,1-6). Y comprender va mucho más allá de encontrar la respuesta adecuada que satisfaga nuestro interés y deseo.

Vivimos en el terreno de la inseguridad propio de la humanidad. Y en esa itinerancia de circunstancias se han sucedido avances y progresos de un mundo posibilitado por el amor de Dios. Tomemos nota de ese “vivir en su presencia”, que no es otra cosa que volver a considerar que vivimos cada día como un regalo de ese Creador que nos mantiene en el ser y que siempre nos hace resurgir.

Suena fuerte y rotundo, en un ámbito educativo como el nuestro. Pero es así. En cuántos momentos nos hemos sentido tan capaces que hasta los segundos vividos nos pertenecían. Se nos ha pasado el agradecer o el pedir. Y hemos invertido mucho en la fuerza de voluntad que nos abocado a un estrés y un cansancio extremos.

Ahora nuestras agendas se han vaciado: Los profes envían trabajo, los chavales los reciben y gestionan con sus familias. Programamos para “hoy”. Algo que nunca nos había sucedido y que, sin embargo, es el parámetro temporal más humano.

Ahora nuestros metros y recorridos se producen en el terreno conocido; en la familia. Pocos metros para vivir mucho. Pocos muros para conocernos de veras. Ahora se nos ofrece la oportunidad de resurgir a una familia nueva, a un barrio más humano, a una ciudad o pueblo más entrañables, a una fe más sencilla y pura.

Terminan las palabras del profeta con un consejo: “Procuremos conocer al Señor. Su manifestación es segura como la aurora. Vendrá como la lluvia, como la lluvia de primavera que empapa la tierra”. Como la que lleva unos días bañándonos en el centro de la península para recordarnos que la semilla que pusieron nuestros padres –en casa- y nuestros religiosos –en el cole- ha de germinar. Estamos a tiempo de florecer y soltar amarras: ecología y perdón…

Es momento de reaccionar y de amar, de agradecer y aprender…