¿TÚ QUÉ DICES?

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manoliobuenaEl “tú qué dices” es traicionero. Se nos exige muchas veces para dejar tranquila la conciencia. Pero ni da respuesta satisfactoria a quien nos cuestiona ni hace justicia a quien se denuncia. Esas preguntas se nos hacen cada vez más. Quizá porque hemos generado una dependencia exagerada de la normativa moral y de nuestra interpretación. De ahí que gente bien formada en la vida laboral, social, científica viva un verdadero infantilismo moral; cosa que nos convierte en escribas y… de los otros.

El “tú qué dices” es mortal. Nos parapeta detrás de una norma general que nos permite estar al otro lado del sufrimiento. Orando con este evangelio, me observaba a mí mismo dando explicaciones a la mujer sobre su pecado objetivo, sobre la necesidad de restaurar la fama de las personas a las que se ha sido infiel.., me sorprendía dialogando con los escribas y trayéndoles a colación que el adulterio es cosa de dos y que el varón no había comparecido.., me angustiaba ofreciendo argumentos fariseos para quedar bien y dejar de manifiesto mi dominio de la moral concreta. Total, que la mujer quedaba en el olvido.

El “tú qué dices” se me está atragantando. Spotlight se ha alzado como mejor película en los Oscars y ha llevado a la plaza del pueblo a sacerdotes y religiosos para ser apedreados con permiso de la Ley de Prensa. Y, como en el caso de la mujer adúltera, se esgrime la acusación-sentencia-ejecución. Todo a la vez sin margen a la réplica. Apostando más por el efecto mediático que por la defensa de la verdad. Y ante mí se abren paso las palabras del evangelio: “Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo”. Él no quiso entrar a discutir.., sirve de poco cuando quiere usarse a unas personas contra otras o como arma política. Él fue más allá del caso moral y les desnudó -ante la mujer- como pecadores: vosotros sois igual de pecadores y os merecéis las piedras.

Ese “tú qué dices” ha llegado al Vaticano, y su silencio antiguo se ha tornado en persecución escriba. Creo que la reflexión me ha llevado muy lejos; ya he dicho demasiado. Me quedo con el final del evangelio.