TRABAS AL ESPÍRITU

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Del Espíritu les habló Jesús a sus discípulos, les describió sus efectos y la necesidad de nacer de nuevo para trabajar eficazmente en el Reino de Dios…

Ellos no cayeron en la cuenta durante la Pasión ni la muerte del Maestro. En el momento del fracaso -el punto más bajo de su historia-, se encerraron. Miraron su vida y comenzaron a lamentarse y a sentir más la pérdida de sus vidas que la de Jesús. El miedo les asentó en el dolor, en la injusticia cometida sobre ellos y en el tiempo que habían perdido. Y en esas, descendió el Espíritu. Les quitó los miedos y se lanzaron a la aventura de proclamar el nombre de Cristo. Un nuevo nacimiento. Hasta el momento en el que se sintieron nuevamente fuertes, capaces y osados.

Nosotros, de la misma manera, podemos ponerle trabas al Espíritu con la claridad de nuestros objetivos, la grandeza de nuestras programaciones y lo ambicioso de los beneficios. En esa situación, ¿para qué necesitamos al Espíritu? ¡Si ya estamos nosotros para suplir la gracia de Dios!

Y como la vida da muchas vueltas y acaba situándonos en posturas impensables, volvemos a saborear el fracaso, el dolor y la dificultad. Y vacunados por los años, los cursillos y la espiritualidad nos volvemos a encerrar. Y entramos en un rueda de fracaso, entusiasmo y fracaso que nos agota.

Pentecostés es necesario siempre. Y, en este momento, más urgente que nunca pues la realidad que comprobamos a nuestro lado nos turba y hace perder la esperanza. En una época en la que nos duelen los números, nos aplastan las estructuras y nos agota la tarea o invocamos al Espíritu Santo o nos desesperamos.

Pentecostés es sanador en la situación de debilidad y de “pasividad” que han experimentado millones de creyentes a lo largo de la historia. Para desconcertar y desconcertarnos. Para reconocer que es su gracia y no nuestra gestión lo que habla de Dios y hace justicia a la historia.

Pentecostés es constructor cuando restaura las posibilidades que nosotros hemos desechado en la misión, en la fraternidad y en la justicia.

Pentecostés es salir de la rueda y dejar de poner trabas al único que puede situarnos y dar vida a nuestra vida comunitaria.