PURO RIESGO

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Jesús empieza por la afueras su anuncio de un nuevo reino. Y a él se adhiere quien, que corazón, busca un cambio real en su historia.

Parece que muchos se unieron con entusiasmo tras mirarse a sí y ver que era posible comenzar de mano de ese galileo que usaba palabras nuevas.

Palabras con vida de un hombre entusiasta; que vivía lo que decía. Un hombre maduro que no tenía miedo a llamar a las cosas por su nombre, a dejarse interpelar, a acercarse a los desheredados, a estrujar por los enfermos o ser criticado por los fariseos. Proclamaba como slogan: «cambiad, porque el reino está cerca de vosotros».

Ante esta invitación muchos quedaron sorprendidos y encandilados. Especialmente dos pares de hermanos a los que el nazareno invita a un cambio de tarea: de pescar peces a atrapar corazones.

Pedro y Andrés tenían trabajo, estaban ocupados iniciando la pesca del día y, sin embargo, dejaron todo como estaba y se fueron con Jesús. Los otros dos, Santiago y Juan seguían el negocio familiar y estaban repasando las redes tras haber faenado. También se van con Jesús y dejan a su padre. Ninguno de ellos estaba ocioso. Todos unidos por vínculos de sangre y cargas familiares. Ya habían comenzado un camino laboral. No eran jovenzuelos con la vida abierta a mil posibilidades.

En ellos se visualiza ese cambio radical y esa conversión en las opciones. Dando muestras de que la fe no entiende de pedir sino de dar; y darlo todo. Y que la respuesta a la petición de Jesús supone dejar el propio proyecto personal en el proyecto de Jesús.

Hoy que nos quejamos en el occidente de las «vocaciones» habría que recordar que la propuesta de Jesús chocó frontalmente con los jóvenes; al igual que con los fariseos. Unos por tener toda la vida por delante y los otros por tenerlo todo seguro. Unos por querer probarlo todo y otros por haber decidido su vida. El hecho es que Jesús tuvo éxito entre los desheredados que no tenían dónde caerse muertos, entre las mujeres cuya vida se fundaba en el servicio a todos, entre los enfermos que necesitaban ciertamente de Dios, entre los publicanos que ansiaban un cambio de vida… y entre los ocupados, los comprometidos y maduritos.

Si volvemos al evangelio hagámoslo con todas las variables y con la única certeza: dar la vida por amor. ¡Vamos, todo un riesgo!