lunes, 29 noviembre, 2021

Poder y plástico

El plástico llena la tierra. Aparece de infinidad de formas y con distintos colores y texturas. Y se queda a vivir entre nosotros sin prisa. El poder rápido y fácil ha llenado la historia de infinidad de maneras.  En todas las latitudes y sostenido por infinidad de leyes se ha quedado entre nuestras aspiraciones para no moverse.

El poder como el plástico son entes difíciles y costosos de deshacer. Hay tantos y en formas tan imperceptibles que los hayamos donde pongamos la mirada. Y aunque parezca que el poder tiene mayor capacidad para perdurar, no es así porque el plástico dura más que cualquier sistema político imaginable.

Jesús no tenía ansias de poder. No me imagino al Maestro rodeado de plásticos pero a Pilato si. El Prefecto romano de Judea evitaba los problemas y buscaba recibir el premio de regresar a Roma. Su estancia entre los judíos pretendía ser imperceptible y corta como la vida útil del plástico. Ciertamente el encuentro de Jesús con Pilato fue tal rápido como abrir un envoltorio plástico, pero se ha quedado flotando en el mar de la historia como un contraste de Poder.

Pilato pregunta: «¿Eres tú el rey de los judíos?»  Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» «Conque, ¿tú eres rey?» Y ante las pocas palabras devueltas por Jesús concluye: “Yo no encuentro delito en él, crucificadle vosotros”.  Y devuelve a Jesús a las gentes como quien tiro un pobre envoltorio al aire.

Aquel acontecimiento puso en juego los dos términos de la comparación: el poder y la durabilidad. Y desde entonces cualquier poder plástico se las ha de ver con la autoridad noble; el uso del poder se enfrenta a la realeza del justo.

El poder y sus derivados siguen llenando la tierra. Son difíciles de recoger y de sintetizar. Y, hasta el momento, sólo ha existido una autoridad capaz de volatilizarlo: la realeza de Cristo, coronado de espinas.

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