PERDONA, TE HE CURADO

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Podría haber sido la consideración de Jesús por dar la vista a un ciego.

Abrir los ojos tocaría ser un gesto de compasión y de misericordia. Despertar a la realidad tendría que ser una didáctica habitual. Dar luz debería ser motivo de alabanza a Dios. Y sin embargo, todas ellas son susceptibles de ser malinterpretadas.

A Jesús no se le aceptaba como Mesías ni como Maestro y, menos como Hijo de Dios. Hiciera lo que hiciera se le consideraba un farsante y un manipulador. Si leemos atentamente el evangelio de este domingo (Cf. Juan 9,1.6-9.13-17.34-38)comprendemos cómo los fariseos juzgan torticeramente los milagros de Dios. Les importan “nada” los gestos desinteresados de bondad si no son realizados por ellos.

Desde nuestro encierro preventivo por el COVI19, se nos insiste en la necesidad de obedecer las directrices sanitarias. Es por nuestro bien y por el de los demás. Los resultados de estas disposiciones sanitarias son las que son. Criticarlas o usarlas políticamente por no ser decisión de unos y sí de otros, nos sitúa en la misma dinámica farisea.

Jesús casi se arrepiente de haber dado la vista al ciego. Y el neo vidente también; por la insistencia e interrogatorios de aquellos religiosos. Una suerte de persecución que les llevó a buscar testigos en su propia familia y en sus conocidos para ponerlo en contra del Maestro.

La recuperación del COVI19 será progresiva, como progresiva ha sido su propagación. La solución viene de la unión de todos con los medios humanos y divinos: Los hombres y Dios. Y sobran los particularismos…

Aquel que se frota las manos pensando que en su país o en su región no se necesita al resto, el que cree encontrar solo la vacuna, el que considera que su idiosincrasia le inmuniza del resto, se comporta como aquellos fariseos y se hace reprobable en su gestión.

Jesús, en algunos casos, se marchaba de los lugares sin poder hacer milagros; por su falta de Fe. Todavía sobran muchos intereses y deseos de autoafirmación que revelan que todavía no hemos llegado al fondo de la crisis.

Hoy Jesús cura a un ciego. Esperemos que no tenga que pedir perdón por complicarle la existencia.

 

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