PERDÓN POR LA COMPARACIÓN

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Si para explicitar que “Tengo una llamada”, les cuento la historia de las ovejas y el pastor a los de Confirmación, me van a poner la misma cara que los niños de educación primaria cuando, en la granja escuela, el monitor les habla de gallinas, conejos o pavos. ¡Perdón por la comparación! Pero es que cuesta hablar del Buen Pastor a quienes  no han tenido trato con la ganadería, ni con el rol del pastor.

Si explico lo mismo a los religiosos en formación me encuentro con la misma sorpresa y, además, sin conexión con la idea de grupo. ¡Perdón por la sospecha! Pero es que cuesta aterrizar el evangelio con la generación más original y tecnológica que hemos conocido, de momento.

Si en la misa del domingo, me refiero a los que asisten a misa como al “rebaño de Dios”, más de dos se van a sentir incómodos por los ecos de borreguismo que han vivido en otras épocas. ¡Perdón por la proyección! Pero es que el tema se las trae para los que se sintieron obligados a creer.

El hecho es que este evangelio -del Buen Pastor- ha de servirnos para hablar de la llamada al seguimiento de Cristo. Y el ejemplo ha servido a lo largo de los siglos para reconocer la vocación a ser suyos. Pero cuesta acoger un tema ganadero para una generación que sigue lo que le gusta con un clic del ratón.

Ahora… seguir, dejarse llevar e ir donde va todo el mundo, no ha cambiado. Las redes sociales demuestran que copiamos lo mismo, reproducimos las mismas canciones, nos gustan las mismas fotos y nos emocionamos con vídeos parecidos. ¡Perdón por la constatación! Y es que tenemos más “pastores” de lo que reconocemos.

Jesús nos hace descubrir a quién escuchamos y a quién seguimos. Así como reconocer a quién damos el reconocimiento. Así pues, yo tengo pastores, tú tienes pastores… tenemos pastores ¡Y perdón por la conjugación! Jesús se ofrece como el verdadero y único pastor. El que trasparenta al Padre, el que no nos considera una propiedad, nos respeta y no persigue nada que no podamos ser…

Por eso, prefiero seguir a este pastor, aprender a ser su oveja y redescubrir mi vocación de servicio. Esta sí que es una llamada, otra historia…