OTRA VEZ

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Otra vez Cuaresma. A ver cómo hago entender a los chavales lo del camino hacia la Pascua, el tiempo de preparación, el viacrucis, el color morado y los hitos de la limosna, la oración y el ayuno…

Les importa “cero” y a mí me cuesta un “montón”. ¿Por? Pues, porque no van a golpe de liturgia ni les interesan las verdades aprendidas. No sé. Buscaré una app que hable de los cuarenta días en el desierto, de Israel y del Jordán. Entro en el play store y aparecen varias, ¡gratis! Tras la fachada novedosa e intuitiva, persisten los mismos lenguajes que se usaban conmigo, de joven, y no entendía. Creo que si les hago descargársela les va a parecer la descripción de composición del planeta Marte un viernes por la tarde.

Les pregunto qué es eso de la Cuaresma. Silencio. Otra vez. Uno dice que es “cuando no comemos carne los viernes” -se lo ha dicho su abuela-, otra que cuando nos echan las cenizas en la cabeza y varios que lo del carnaval. ¡Tela! Y son niños que -en primaria- se sabían de memoria los días, colores y signos del tiempo de cambio y conversión.

Su mundo es tan cerrado y corto… ¿o es el mío? Jesús buscó modos y maneras para atraer a la gente a las cosas del Padre. Y seguro que sabían de judaísmo lo mismo que mis alumnos del catecismo. Pero lo vivía…

Bueno, haré un acto de humildad. Les preguntaré cómo están, cuánto tiempo hace que no se paran a pensar en su vida, a perdonar una ofensa, a dar un beso a sus padres, a rezar un ratito… Y qué personas y cosas les incitan a no ser ellos mismos y a vivir a lo loco. Y ahí situar lo de las “tentaciones”. Depende de por dónde salgan, pediré al Espíritu que dé orden a esas respuestas. Y que ellos sitúen todo eso dentro de unos días del año. A ver si les salen cuarenta. Que al menos estén dentro de lo que celebramos antes de la Pascua.

Y no sé, quizá lo conecte con las procesiones de Semana Santa. Que tienen poco o nada que ver con la Cuaresma y la liturgia, pero es lo que conocen, lo que les cuestiona, lo que les llega. Y les invite a preguntar en casa qué es eso del viacrucis o la abstinencia o las confesiones de Cuaresma. Y que me lo cuenten a mí, como si no supiera nada… como si fuera un alumno de secundaria.

Por eso no voy a caer en la tentación de enfadarme o darlos por perdidos. Y menos en las tentaciones finas y confesables de creer que conmigo lo van a aprender todo, que van a hacer trabajos que les sirvan para la vida y que eso les lleve al compromiso. ¡Ay Señor! Dame la paciencia que gastas conmigo. A ver si entro yo en el significado profundo de mi Cuaresma, otra vez…