NOS BASTA

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Las apariencias siempre engañan y lo grande, robusto y alto no siempre es lo que perdura,  aguanta y sostiene.

Cuando vamos al mercado elegimos lo más apetecible, lo que destaca y está de moda. Y lo compramos pensando que hemos acertado. Constatamos después que, no siempre lo más perfecto dura más, lo más abundante satisface y lo más colorido ofrece más sabor. Lo sabemos y aún así… caemos en la tentación de adquirir lo que nos entra por los ojos.

Jesús, a la hora de explicar lo del Reino de Dios recurre al profeta Ezequiel: Dios Padre prefiere los brotes pequeños a las ramas fuertes, le encantan los árboles pequeños y no repara en los grandes y frondosos. Por eso, usa el ejemplo de la semilla de mostaza, la más pequeña de todas. La propia vida de Jesús puede ser interpretada desde esta semilla: pasó inadvertido para los que sabían de leyes y religión, no llegó precedido de un gran cortejo, ni avalado por títulos… ¡Qué contrasentido el buscarle sólo en los milagros! ¡Pedir para la Iglesia más repercusión social!

Nos cuesta vivir la fe sencillamente, transformando desde dentro, poco a poco, y desde la humildad. Por eso, Dios asume la tarea de dar el crecimiento al Reino. ¡Bastante con dejarnos colaborar! Somos sembradores y cosechadores porque Dios lo permite “sin que sepamos cómo”.

Hemos de agradecer tanto en nuestras familias religiosas. ¡Tanto fruto y tanto crecimiento! Y ahora -en algunos lugares- ¡Tan poquitos y en decrecimiento! Él sabe lo que hace… colaboradores suyos somos: eso nos ha de bastar.