GRITARÁN LAS PIEDRAS

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manoliobuenaSi el domingo pasado las piedras eran armas peligrosas, por los prejuicios y la cerrazón, hoy lo son las palmas y ramos, por los halagos y las alabanzas.

Las piedras son duras como los corazones de aquellos que las acarician a la espera de ser lanzadas contra la pecadora. Los ramos son flexibles en las de quienes pueden cambiar de opinión ante la primera dificultad. Lo vamos a comprobar durante estos días de Pasión: pasaremos del servicio, de la oración, a la traición y la negación.

Lo cierto es que las piedras del camino -que bajaba del monte de los olivos y que llevaba a Jerusalén- tenían la capacidad de gritar. Jesús se la concede frente a aquellos que las llevan como armas arrojadizas contra los olvidados, pequeños, refugiados… Porque son ellos los únicos que reconocen al Hijo de Dios, al Mesías.

En estos días, las piedras se han vuelto a callar porque son las personas las que emiten gritos de desesperación frente a las costas mediterráneas… Las piedras han perdido su capacidad constructiva para recuperar sus posibilidades de muerte. Las piedras han regresado al silencio en las manos de los que quieren mantener a la gran masa lejos del centro de Jerusalén, del Templo, de Europa… En nuestras costas hay muchos gritos, pero hay más piedras.

Acojamos estos días a Cristo, juzgado, extranjero, pobre, palestino, galileo, hijo de María con nuestras palmas. Y escuchemos los gritos de las piedras que pisamos y que nos recuerdan que entre alabar a Dios y expulsar a sus hijos hay sólo un domingo de ramos.