DIOS Y SU BUENA VISTA

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Las bienaventuranzas resaltan situaciones y actitudes sólo valoradas y queridas por Dios de nuestra humanidad. Mientras, que para nosotros son inaceptables -la pobreza, el sufrimiento, el hambre, la injusticia, la persecución- Jesús las propone como situaciones de gozo e identidad.

Aunque nuestra educación ha incidido en mirar estas realidad como posibles, a la hora de la verdad -lo que cuenta-, es la capacidad, el éxito y la perfección.

Por eso, sólo han optado por ellas pequeños grupos, pueblos, «restos» significativos frente a la gran masa de la historia. En ese resto Dios se complace y se sirve de él para confundir a los numerosos y capaces. Ciertamente, si nos detenemos a pensar dónde estamos y lo que hemos conseguido, anhelamos ser más importantes y numerosos.

Y es que a pocos les apetece significarse como seguidores de Cristo en los momentos de persecución política o, de incomprensión ideológica de lo religioso. Y sin embargo, los ha habido y muchos que han dado testimonio de Cristo, con su propia vida, por amor.

Necesitamos, en la Iglesia, la mirada de Dios para destacar extranjero que nadie aprecia, amar a la familia que nadie acoge, buscar al joven anestesiado en sus adicciones, desear dar más vida, dejar de huir del que lleva años sin trabajo, animar al depresivo y entregarse de corazón a quien lo solicite en nuestra familia.

Precisamos, en la vida religiosa, la asunción radical de las situaciones de bienaventuranza. Lo que nos llevará -sí o sí- a ser contraste con lo que se lleva y por lo que se opta. El descubrir la riqueza de la pobreza, la grandeza de la humildad o la significatividad del pequeño grupo, sólo puede provocar sorpresa. Y, también ruptura; la que propició Jesús y que le abocó a la persecución, calumnia y muerte. Consecuentemente, si nos instalamos en la adulación no estamos viviendo las bienaventuranzas, o cedemos a las glorias humanas.

¿Si somos discípulos de las bienaventuranzas por qué no celebramos el ser resto? ¿Acaso Dios tiene una mirada tan corta que no nos ve?