DESCÚBRETE, DESCÚBRELE

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Jesús y sus discípulos están cerca de la ciudad que el tetrarca Filipo dedicó al emperador Tiberio. Una ciudad muy antigua, con cultos a todos los dioses posibles de la antigüedad.

Y es, en ese entorno, donde Jesús toma la temperatura de aquellos galileos que le siguen: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

La respuesta es inmediata, no se hace esperar. Jesús es una especie de reencarnación del Bautista, una reaparición misteriosa de Elías, un profeta surgido ante la dominación romana. Recogen la opinión y les puede la apariencia.

Una serie de apreciaciones por las que no pasan los años. Si preguntamos a los nuestros, a los cercanos, nos encontramos con: un solucionador de problemas, un sanador de terminales, un pacificador en las afrentas y sustentador ante los desastres.

¿Quién acierta? Pues Pedro, el “lanzado” de Pedro. Acierta con la misma calidad que Google cuando tecleamos las verdades del Credo. Con una generalidad e imprecisión como quien no le conociera. Y claro, Jesús no es un Mesías al uso; es más que un candidato político, un cooperante, un sanador, un maestro o un voluntario.

¿Quién yerra? Pues también Pedro. Porque vuelca en Él las expectativas de quien quiere vivir sin problemas y sin sufrimientos. Solicitar su poder para hacernos progresar, curarnos o darnos trabajo es “tentarlo”. Y quien tienta, es Satanás.

¿Quién responde? Pues Jesús, que ha venido -en carne- para no dejarnos hundir por la fragilidad y tomar el peso de nuestra vida: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

Pedro toma la temperatura de su torpeza al proyectar sobre el amigo Jesús lo que no ha venido a hacer. ¿Y tú?, ¿qué dices del Él? Ponte el termómetro y descúbrete.., descúbrele.