COMPARTE LO QUE IMPORTA

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Ningún enfermo o pecador se atrevería a salir de casa en el “sabat”. Ese día no se podía trabajar, ni viajar, ni hacer ningún tipo de gestiones.

De ahí que Jesús curase a la suegra de Pedro en su casa; donde nadie les veía. El hecho sería insignificante si no fuera porque es una sanación en un día descanso y ella se levanta y se pone a servirles. Por eso, “al ponerse el sol… le llevaron a todos los enfermos y endemoniados” y, como en una romería, salen de la oscuridad -en la que les sometía la ortodoxia- para acercarse a Jesús. ¡Cuántas peregrinaciones han comenzado así! La oscuridad se convierte en la aliada de aquellos desahuciados

Ningún leproso se atrevía a entrar en las ciudades. Su condición de impureza le mantenía a distancia de la gente y del culto.

De ahí que Jesús lo encuentre a las afueras de la ciudad y se mantenga a distancia “suplicando de rodillas”. Los judíos tenían en el libro del Levítico un protocolo inhumano de actuación para no contagiarse: “Mientras dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento” (Lv 13). Su desesperación le lleva a lanzarse a pedir al Maestro que le limpie. Conocía su poder: “Puedes limpiarme” -le dice- que es más que curarle. Aquel apestado y pecador no era imbécil. Reconoce que el verdadero poder y la fuerza no emana ni de la Ley, ni del Templo ni de los sacerdotes.

Jesús “sintiendo lástima” dijo: “Quiero, queda limpio” e hizo, “extendió la mano y lo tocó”. El hombre “quedó inmediatamente limpio de la lepra” porque se rompió la distancia. Sintió el calor de una mano sobre su cabeza que le integraba de nuevo en la humanidad y en las relaciones de iguales. Jesús sabía que lo más importante era devolverle la vida y la relación. Y al dar, recibe. Sí, Jesús recibe la impureza y la maldición de manera que no podía entrar tranquilamente a la ciudad.

Jesús al hacerse de nuestra carne, al tocarnos se contaminó de las consecuencias de nuestras distancias, miedos, rupturas. Y aún hoy sigue llevando, resucitado, las llagas de tu enfermedad y mi sospecha. Por eso acabó crucificado a las afueras de Jerusalén. Por eso sigue hoy estigmatizado en los que apartamos de la sociedad por pobreza, por incapacidad, por enfermedad… solos y apartados para que no nos contaminen.

Ningún hijo de Dios debiera estar excluido de los recursos que nos tocan por la Creación. Manos Unidas, con su lema “Comparte lo que importa”,  nos lleva a lo esencial: Lo que importa es eso, que Cristo al hacerse de nuestra carne, queda sumido en nuestra hambre, nuestra sed y nuestra exclusión. Él sabe de aquellos que, a la afueras de la civilización, gritan por un gesto de cercanía y de compasión.