COMO ÉL

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Esto os mando: que os améis.Si éste es el último consejo del Maestro, uno se queda un tanto frío porque pareciera que no somos capaces de amar gratuitamente y necesitáramos de una obligación. Tanto mandato como mandamiento, proceden de la misma raíz, “mandatum” y significa, orden o precepto que el superior da a los súbditos.

Es cierto que Jesús utiliza esta terminología, pero nunca se puso por encima de nadie.Antes de señalar esta “obligación” se había arrodillado ante los discípulos y -desde el suelo les había lavado los pies a cada uno. El servicio iba a ser el contenido de ese mandatum y la entrega el modo de amar: “Como el Padre, así os he amado yo”.

Ese debiera ser modo de amar de los que nos decimos sus seguidores, dejando de lado nuestras necesidades e intereses para que primen los de Dios; que son los de la humanidad. Ese desinterés es el propio de los que se saben “amigos”. Y en eso “consiste el amor: en que él nos amó y nos envió a su Hijo”. Lo que convierte el mandato, el amor de Dios -de Jesús- es un riesgo, un cheque en blanco, una irresponsabilidad, una locura que le lleva a “dar la vida por sus amigos”.

He de reconocer que, por naturaleza, soy más de mandatos que de amores… pero que, por la gracia, soy más de sentimientos que de normas. Constatar esta limitación posibilita que Dios obre en mi corazón y dé los frutos que Él quiere en bien de los hermanos. Eso es “permanecer” en su amor, eso es el modo de querer… como Él.